Mantenerme positiva

El mantenerse positiva no deja de ser una cuestión de perspectiva. Ayer iba por la calle principal de la Aldea y me llamó la atención que mientras que grupos de personas que se ve claramente que son refugiados y las están pasando canutas van con una sonrisa en los labios, la mayoría de la gente normal que tiene un techo sobre sus cabezas, más o menos salud y una vida estable, van con una cara de malas pulgas que es digna de verse. Hemos olvidado lo realmente importante. No se puede “ser feliz”, no siempre todas las circunstancias que hay en nuestra vida van a ser perfectas. Las más de las veces habrá algo que no cuadre, algo que te va a mantener en vilo. Y aunque tu vida fuera 100% perfecta, a poco que tengas algo de conciencia social verás que hay grandes problemas a tu alrededor que no te permiten la felicidad absoluta. Por eso es importante comprender que lo que hay que hacer es sentirse feliz. Hay que buscar las cosas que funcionan en tu vida y construir a partir de ellas un marco de serenidad, más que de felicidad. Casi siempre, la situación es mejor en el momento en que decides que vas a intentar ser positivo.

 

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Así que he decidido recuperar para mi mundo un proyecto que seguí hace un par de años, el #100happydays. En su momento se trataba de hacer cada día una fotografía de lo que te había hecho feliz en aquel momento. Lo he adaptado y modificado un poco para adaptarse a la situación que estoy viviendo en estos momentos. Así que hoy agradezco esto: que encuentro en esta red de redes proyectos e ilusiones para seguir activa y en marcha, que es lo que importa.

Poner las cosas en perspectiva

Los amigos o los que me sigáis de forma contínua ya habréis deducido que mi “romance anónimo” con el Jefe más raro que una seta no ha terminado bien. Creo que soy bastante buena en el trabajo que hago y que tengo un enorme potencial, pero no soy la persona perfecta. El palo de quedarte de la noche a la mañana sin trabajo es duro, para que vamos a suavizarlo. Te deja pensando en todo lo que ha podido fallar. Pero por otra parte, ha servido para recordarme todo aquello que hay en mi vida que doy muchas veces por supuesto y de lo que no me doy cuenta hasta que ocurren este tipo de cosas que te abren en un momento los ojos:

  • Estoy viva, no sólo eso: no me falta la salud, ni las ganas de trabajar, ni el ánimo, lo cuál es una maravilla a apreciar y agradecer.
  • Tengo una familia estupenda que está y siempre ha estado ahí a mi lado.
  • Mientras me sentía caer, ya había una red a mi alrededor de muchas manos virtuales y no virtuales, formándose para amortiguar al caída. No tengo palabras para agradeceros el apoyo porque mi familia, quieras que no, me tocó en la tómbola, pero tod@s nosotr@s nos hemos elegido.
  • Gracias a Zeus a estas alturas, el problema es más de moral que económico. Nos podemos permitir vivir bien con un único sueldo, que es de agradecer (estoy pensando en toda la gente para la cuál ser despedida supone una pérdida económica considerable… esos casos son los que más rabia me dan).
  • No sólo eso, mi principal capital es el intelectual: tengo muchos conocimientos, hablo varios idiomas (aunque una minoría se empeñe en que no soy perfecta, coño, lo que me decía ayer el psicólogo… que soy de las pocas que hace terapia cognitiva en una lengua materna que no es la suya y que para eso mi nivel de alemán no es precisamente “bajo”).
  • Siempre ando quejándome de las cosas que tengo a medio hacer por falta de tiempo… Y de repente tengo muchísimo tiempo en mis manos.

En definitiva, que una de las piezas que componen mi vida se ha soltado pero de momento no se ha ido nada al garete. Volveré a cabalgar y lo más probable es que encuentre algo más tarde… Y con un poco de suerte sabré apreciar lo bueno de mi nuevo puesto de trabajo en comparación con lo que voy a dejar atrás.
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La pordiosera

Si algo me han enseñado las dos o tres ferias de Hannover que me ha tocado vivir en persona, es que cuanto más alto está una mujer en la cadena trófica de una empresa, menos mierda le toca tragar y más cómodos son sus vestidos y sus zapatos. La famosa desigualdad en la industria dorada de Hollywood nunca se palpa más que en las ceremonias de entregas de premios. Ellos normalmente vestiditos elegantes, pero dentro de lo que cabe abrigados y cómodos. Ellas haciendo mil piruetas para entrar en merengues de fresa imposibles, con los hombros al descubierto en pleno mes de febrero e intentando no morir en el intento practicando el equilibrio sobre unos tacones, como casi le ocurrió a la buena de Jenny L. hace un par de añitos.

Bueno, pues como un soplo de aire fresco aunque sea debido al gif que ha circulado estos días porque al parecer no la aplaudió ni el tato cuando salió a recoger su premio, he conocido a Jenny Beavan. Puntualicemos, conocía su magnífico trabajo de antes. Es británica, diseñadora de vestuario (lo que ya de por sí demuestra que seguro que tiene un gusto en el vestir impecable y que le da cien mil vueltas al mío) y de las buenas porque ya ha sido nominada ocho veces a los Oscar por su trabajo y alguna estatuilla se ha llevado a casa aparte de la de ayer (“Una habitación con vistas”, película en la que toda la estética era el colmo del buen gusto). La mujer se especializa sobre todo en vestuario de época que es un primor y tiene en su haber la mitad de las adaptaciones de Jane Austen que se han hecho en el cine, “El discurso del Rey”, “Gosford Park” y “Lo que queda del día”. Pero no parece estar encasillada, ayer ganó con la nueva de “Mad Max”, que muy de época no parece precisamente. ¿Y qué es lo que le tengo que agradecer hoy a Jenny Beavan? Bueno, mi adorado Stephen Fry la describió una vez haciendo un chiste como la única persona capaz de presentarse a recoger un premio “vestida como una pordiosera”.

Reconozcamos que para lograr hacer esto, pegarle semejante corte de mangas social a una industria que se basa en el oropel y que vende una determinada imagen de la mujer, tienes que tener unos ovarios de acero y una confianza absoluta en que lo que haces no es bueno, sino que es mejor. Además, no es algo que venga de nuevas, (que podríamos pensar que al ser una señora de cierta edad ya está de vuelta de según que gilipuerteces), no, en la foto de recogida del Oscar de hace treinta años, ya está vestida de tal modo. Y es que ella no está ahí por su cuerpo serrano y no le apetece ponerse un traje de princesa Disney (cosa que aclaro que a mí me apetecería dentro de un orden, no me vayan a invitar a los Goya en años venideros y me vengáis con reproches de que soy una hipócrita porque me pongo de largo… pero hasta en el día de mi boda que es la única vez que me he permitido vestime de merenge, lo primero que probé con todos los vestido que pasaron por mis manos era que podía bailar el twist con ellos). Y me parece maravilloso que alguien vaya a los Oscar con una cazadora de ochenta euros de Mark & Spencer tuneada. Porque tengo la impresión de que a más de una le apetecería hacer exactamente lo mismo, pero no la dejan.

Por eso se agradece que señoras como esta, desde lo más alto, nos recuerden que ellas pueden estar allí porque trabajan de maravilla, no porque son una percha para un vestido.

Gifs en el texto via GIPHY

El emperador va desnudo

El Emperador va desnudo. Apenas nos atrevemos a susurrárnoslo los unos a los otros, a pesar de que como en el cuento de Hans Christian Andersen, es evidente. De cuando en cuando alguien levanta algo más la voz que los demás, pero casi todos seguimos en mitad del desfile, mirando al Emperador en paños menores y detectando que algo va terríblemente mal en todo el asunto pero sin atrevernos a levantar mucho la voz para no llamar la atención, para que no nos tomen por locos, o por tontos…

 

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Se agradece que Salvados haya dedicado una edición de su programa (#fashionvictims) a las sombras de la industria de la moda, invadida como todas por el lowcost. Como el mismo @jordievole ha indicado en su artículo posterior a la emisión en el periódico, la novedad no ha sido decir algo así en alto, sino decirlo en un programa que es ahora mismo prime time cuando se emite. Y lo inquietante es que les feliciten por haberlo conseguido.

Porque casi todos tenemos esa pequeña punzada en las entrañas que nos avisa de que la globalización nos la ha dado con queso. En nombre de ese nuevo Dios que es la competitividad absoluta y a toda costa estamos sacrificando miles de cosas a nivel social, de las que tarde o temprano vamos a arrepentirnos. De la responsabilidad personal de cada uno mejor no hablamos.

El tema no es nuevo, hace años que le venimos dando vueltas, que se escuchan los susurros del Emperador desnudo. Pero a la vez el desfile se hace más numeroso, los tentáculos que nos atrapan cerca de él son cada vez más fuertes y cada vez la opinión está más polarizada. Como en Omelas, lo único que nos queda a estas alturas es abandonarlo todo a medianoche de manera radical. Pero para los que tenemos lazos que nos atan aquí, para aquellos que no queremos dejas a nuestas familias, a nuestras personas queridas y lo que nos rodea a nuestras espaldas, toca acostumbrarse a vivir preguntándonos a nosotros mismos por qué no somos como los demás, los que son capaces de no plantearse ese lado oscuro de nuestra supuesta felicidad. O conseguir esa felicidad que nos falta de manera química, hay siempre una pastillita para todo.

Por eso mi agradecimiento de este jueves va a todo el equipo de @salvadostv, por atreverse a gritar que el emperador está desnudo. Y tal vez sumarme a la sugerencia que ya les han dado algunas personas, de seguir más allá del programa y plantear qué alternativas tenemos los que querríamos vivir en Omelas, pero en paz con nosotros mismos.

Por si alguno no lo ha leído, dejo el enlace al cuento de Úrsula K. Leguin “Los que se van de Omelas” aquí. Pero ya aviso de que es una de estas historias que hacen pupa al alma.

A T, por traerme el mantra de que soy suficiente

T es una amiga que conozco desde hace tiempo y con la que comparto varias cosas en común: las dos hemos tenido un PVDC, las dos hemos vivido una época de Erasmus, las dos nos interesamos en temas como la meditación, la comida sana y la cultura de lo solidario. Así que agradecí mucho cuando hace unas semanas T nos empezó a traer a un foro privado en el que participamos con otras amigas la acción del día del You-App de Jamie Oliver.

Algunas veces las microacciones que nos sugiere el app ya las he implementado en mi vida. Otras veces no es el momento adecuado. Pero hace una semana llegó uno de estos retos que no sólo me tocó algo dentro según lo escuché, sino que era justo lo que estaba necesitando en un momento actual. Se trataba de aceptar la imperfección, abrazar tu vulnerabilidad y aceptar que aunque no sea perfecta, soy suficiente… Lo que hago es suficiente, lo que trabajo es suficiente, las horas que dedico al blog son suficientes…

Desde entonces llevo repitiendome la frase como un mantra en los momentos difíciles: cuando esas medidas que has intentado organizar con un compañero de trabajo no llegan a tiempo; cuando simplemente no llegan porque ha habido un problema de comunicación y las está esperando un cliente (para ayer además), cuando los Supernenes rechazan por enésima vez la comida saludable a base de verdurita que he preparado, cuando SM se entristece porque prefiero quedarme un rato en mi mundo a ver algo en la tele con él… No puedo llegar a todas partes. Y está bien así. Llego hasta donde puedo, hasta donde considero que puedo dar de mí. Y es suficiente.

Para alguien que sentía hace menos de un año que hacía aguas en todos los frentes, os juro que ha sido una sensación maravillosa descubrir este mantra.

La acción está inspirada en una charla TED que he visto a posteriori y que también me ha encantado. Lo dicho, a mí me ha cambiado un poquito la vida porque me estoy empezando a aceptar tal y como soy.

La vida como experiencia educativa

Llevo una temporada dándole vueltas a algo que me dijo mi psicólogo cuando le comenté que en mi relación con mi mando superior, me daba la impresión de que siempre se juntaba el hambre con las ganas de comer. Vamos, que yo soy muy exigente conmigo misma y encima los jefes suelen quererlo todo para ayer por la tarde y con filigranas a ser posible. Lo cuál me provoca estrés que a su vez es uno de los factores desencadenantes de la depresión en mi caso. Mi psicólogo que es un tío bastante espabilado enseguida le dió la vuelta a la tortilla y me recomendó que me tomara la cadena de mando, la empresa y los momentos malos como una experiencia educativa. “Tenlo claro” me dijo, “es el momento adecuado para poner en práctica todo lo que has aprendido en la terapia”. Y encima me dejó con la perla de que muy pocas personas tienen la oportunidad de practicar tan de primera mano lo que han aprendido como yo.

Porque reconozcamos que me meto en todos los jaleos posibles y alguno más y he tenido que aprender a decir que no sobre la marcha. A mí misma (no te metas en ningún fregado más, no te empeñes en sacar hoy la receta de la crema de zanahoria, no te metas en filigranas para el 52 S…) pero también en muchas ocasiones a los demás (no puedes estar en dos sitios al mismo tiempo así que si quieres desayunar con los niños en vacaciones no puedes trabajar nueve horas diarias). Que me hierve la sangre por dentro cuando alguien me trata como idiota (y a todos nos ocurre en ocasiones que confundimos “idiota” con “extranjero”. Te das perfecta cuenta de ello cuando empiezas a ser extranjero tú). Que hay gente que va por la vida avasallando a los demás y muchos de ellos han acabado en esa cadena de mando de la que hemos hablado antes porque en la época del pelotazo estaba bien visto tener esa actitud…

Me da igual. Como a Santa Teresa, tengo que conseguir que nada me turbe (con la desventaja de que soy atea y lo de que sólo Dios basta a mí me deja bastante indiferente).

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Así que bienvenida sea la vida, bienvenidas las personas y los momentos desagradables que me tocan, en realidad tengo que empezar a verlos como lo que son: un campo de prácticas para esa mejor yo que llevo tiempo buscando.

La teoría del lado oscuro

Llevo toda la semana dándole vueltas a algo. Tiene que ver con mi relación con el mundo exterior pero por el título también podéis adivinar que está relacionado con mi saga favorita. Y es que llevo unas semanas luchando con lo que que creo que es “el lado oscuro” de casi todo el mundo.

Me explico. Creo que si la saga de Star Wars triunfó como ha triunfado es porque cuenta la llamada historia universal. La de la lucha del bien contra el mal. Es la misma temática que hace de “El Hobbit” y “LOTR” otra gran saga con éxito. Y por mucho que la gente un poco purista diga que nos vamos volviendo tontos: si “La Odisea” fue un exitazo hace 27 siglos, es por la misma razón. Y lo que tienen en común las historias universales es que alegorizan de una manera muy simple algunos de los temas más profundos y filosóficos que tienen que ver con la naturaleza humana. El famoso “lado oscuro” no deja de ser esa rebanaíta de mala baba que tenemos todos internamente y que nos lleva a conventirnos en aquello que más odiamos. En lugar de reaccionar ante una afrenta o un inconveniente con un cierto laissez-faire, sin que nos importe un comino, nos convertimos en una especie de monstruo vengativo en el que las emociones explotan de manera fatal. No es necesario que el estallido emocional sea hacia fuera y todo el mundo alrededor esté informado. Para sentir que te domina el lado oscuro, basta con permitir que ese pensamiento de ira domine tu mente por unos momentos.

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Llevo toda la semana luchando contra el poder del lado oscuro que a ratos me atenaza. Ese alegrarme por los tropiezos de la gente que me cae mal, enojarme por cosas que están por encima del alcance de mi control directo, perder la paciencia con los Supernenes por absolutas tonterías y creer que estoy por encima del bien y del mal en algunos momentos. No es algo malo, es netamente humano, pero agradezco haberme dado cuenta de ello y estar luchando activamente para encontrar mi lado más zen y no dejar que el poder del lado oscuro me convierta en una madre y esposa como Darth Vader.

La bendición del emigrante

Al final voy a hacer ahora una entrada entre jueves y viernes porque ayer que me tocaba agradecer, estaba demasiado ocupada pasándolo bien con un grupo de amigas. Y la voy a hacer agradeciendo que he sido y soy actualmente, una emigrante.

Vale: es duro tener que hacer las maletas y dejar tu vida atrás. Voy a disipar un tópico muy extendido. Nadie emigra por gusto. En el mejor de los casos tienes la suerte de haber podido elegir, haber visto el panorama que tenías y haber salido a buscar algo mejor desde una situación en la que tienes una red debajo por si te caes con todo el equipo. En el peor, hay una guerra, un problema político, algo amenaza tu vida en el lugar anterior y has tenido que salir por piernas…

 

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En cualquiera de los dos casos, emigrar te hace humilde. De repente tienes que adaptarte a un medio que no es el tuyo. No dominas el idioma, no sabes por donde te vienen las tortas. Tienes que volver a aprender y comprendes que en la vida, al final, lo que cuenta, lo único que te puedes llevar de un lado para otro, el único equipaje que viaja ligero son tus capacidades y tus conocimientos. Los emigrantes de segunda generación (es decir, los hijos de los que somos emigrantes) suelen ser empujados por sus padres más que la media para que estudien, para que se preparen, para que sepan que la vida que llevan es un privilegio. Y me parece estupendo haber asimilado ese tipo de actitud y estar transmitiendosela a mis hijos.

Las madres visibles

Mi ronda de agradecimiento semanal se va para Carolina Bescansa, por hacer algo que no se sale de lo común, ni tendría que haber pasado de la mera anecdota y ha hecho correr ríos de tinta y de opinión.

La maternidad es realmente una carrera de obstáculos. Normalmente estás deprimida, tienes mil cosas que recolocar (la primera de ellas tu organismo) y si además el permiso de maternidad es tan exiguo como lo tenemos resulta que cuando por fin le estás tomando gusto al tema y empiezas a sentirte algo más segura en tu relación con el bebé, toca volver a trabajar. No voy ni siquiera a valorar si ha sido una acción correcta o equivocada, si ha sido un gesto político o le ha salido del cuerpo (sospecho que más esto último, dado que ya ha acudido a otros eventos con el bebé sin que se haya montado tanto revuelo). Reconozcámoslo: muchas de las personas que me están leyendo, agradecerían poder tener la flexibilidad de llevarse a sus hijos al trabajo, de poder llevarse trabajo a casa cuando uno está enfermo, de poder compaginar de alguna manera más a gusto de todos la vida laboral y personal. Y el caso es todavía más claro si están en una edad tan tierna como la que se le adivina al bebé que aparece pixelado en las fotos.

 

Mi pequeña científico dando sus primeros pasos

SG completamente irreconocible (por lo cuál ni la he pixelado) y pasándolo pipa en mi lugar de trabajo…

 

Así que sí, creo que el gesto de Carolina ha sido de agradecer. Y lo ha sido porque todo el mundo está hablando sobre ello. Decía @lamayem hoy que el día en que cada familia pueda hacer lo que quiera con sus hijos (llevarlos al trabajo, llevarlos a la guardería, pedir una excedencia de unos meses o ponerse el mundo por montera y decidir que uno de los miembros de la pareja renuncia a la vida laboral y se queda en casa) sin que la masa enfurecida opine a favor o en contra, ese será el día en que hayamos puesto la pica en Flandes. A veces también me ha dado por ser masa enfurecida. Espero que se entienda que lo que pretendía criticar es la importancia del gesto y no lo que cada cuál haga con su vida. Y agradezco todas las oportunidades que nos den para hablar sobre el tema hasta que de verdad se deje de hablar de ello…

2014_48: Agradecimientos

Esta semana tengo que ir rapidito, rapidito porque tengo mucho que hacer. Y puede que ese sea mi primer agradecimiento:

  1. Agradezco que estas semanas tengo mucho que hacer en el trabajo. Cuando una está ocupada tiene menos tiempo para comerse el tarro y se concentra en lo esencial: donde va a dormir, si los Supernenes están colocados en algún sitio y si andas al día con el blog y con todos los grupos de fotos…
  2. El segundo punto bueno es que me he librado de una huelga de pilotos de avión por un pelo… probablemente pueda cumplir todos mis compromisos laborales esta semana (siempre que no haga huelga el tren).
  3. Y me he dejado lo mejor para lo último: poder quedar con una amiga en Berlín, que siempre es un lujazo y más lujazo todavía cuando la amiga es de Málaga y se están helando de frío. Qué bien que me lo he pasado, qué bien poder charlar en un rato sin preocuparme de si está bien lo que estoy tratando de decir y qué pena que no nos ha dado el rato para más…
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Ni velas de Adviento he comprado, velas de las normalitas y vamos que chutamos…