Mal vamos

Fue Winston Churchill el que dijo que la imaginación consolaba a los hombres de lo que no pueden ser y el sentido del humor nos consuela de lo que somos. Si yo tuviera la posibilidad de pillar a un hada de estas de varita mágica como las de la Bella Durmiente, que me concediera uno y solamente un don, creo que lo que le pediría es la capacidad de poder reírme de mí misma. Es una cualidad en la que he ido mejorando con los años, pero de la que aún creo que podría sacar mucho más partido. Y lo haría porque me parece un don muy necesario para desarrollar la tolerancia, el no creerme el ombligo del mundo y el relajarme en muchas ocasiones en que es necesario tomar perspectiva con la situación por la que estás pasando. El sentido del humor te ayuda a no tomarte demasiado en serio, lo cuál es fundamental a ratos para poder afrontar con seriedad absoluta y la cabeza bien amueblada lo ilógico e inexplicable de esta vida.

Esto viene a cuento de que en las últimas semanas he notado dos historias muy parecidas y que afectan a personas conocidas porque viven de su sentido del humor. Hace unas semanas, nos sorprendía la polémica de la Alcaldesa de Teruel con EMT. Y en estos días resulta que le han pedido a José Mota pedir perdón por un sketch en un programa televisivo de humor.

Reconociendo que hay bromas que no hacen ninguna gracia, en estas dos instancias me parece que hemos perdido un poco los papeles. A lo mejor podría llegar a entender que una broma por parte de un político o de un juez en el transcurso de su actividad no sean recibidas de manera muy cordial y haya gente que se moleste. Pero tanto “El Mundo Today” como el programa de José Mota son espacios de humor. Es decir, sabes que lo que vas a leer o ver en los dos espacios es una parodia y que como tal se tiene que manejar. En ninguno de los dos casos se trata además de este tipo de humor chabacano que roza el mal gusto. No veo el punto de la ofensa por ningún lado.

Mal vamos si intentamos acallar todo aquello que no nos parece acorde con lo que pensamos. Mal vamos si no somos capaces de reírnos un poco de las situaciones criticas en nuestra vida.

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Timmi, uno de los personajes de otra serie en la que abunda el sentido del humor y la ironía fina sobre la sociedad en que vivimos, “Shaun the sheep”. Parece mentira que un animal pueda hilarnos tan fino a los humanos.

Sobre jefes tóxicos

Empecemos por resaltar que entiendo que las personas no son perfectas y la primera imperfecta en este barrio soy yo. Lo sé y lo acepto. Así que esta entrada no va de los jefes más o menos normalitos que hemos tenido todos: gente que tiene sus más y sus menos, que se equivocan como todo el mundo, pero que son humanos y a los que se les puede perdonar. Porque al fin y al cabo, mandar no es fácil.

No, aquí estamos hablando de los que no tienen excusa ninguna, ni tendrían por qué tener el perdón de ningún ser divino incluyendo a los CEO de la empresa. Otro tema es que muchas veces las empresas estén dirigidas en la época de capitalismo por auténticos cafres que no se dan cuenta de algo: una quema de rozas puede ser productiva en un campo de sembrar en un momento puntual, pero sabes que si la repites año tras año, te vas a quedar sin la gallina de los huevos de oro. Con alguno de los jefes pasa lo mismo: nadie los quita del medio porque obtienen buenos resultados en lo inmediato. Pero a la larga son más tóxicos que beber lejía a morro de la botella.

Sin ánimo de hacer una lista exhaustiva, allá van algunos de los modelos que de momento nos hemos ido encontrando por el camino:

    • El modelo “Trepa”

El modelo trepa es el típico jefe que como jefe es pasable, es decir no presenta comportamientos fuera de lo común y dentro de lo que cabe entiende lo que hace y no mea demasiado fuera del tiesto. Pero tiene una ambición por hacer carrera y subir peldaños que le lleva a arrasar con todo y pisar cabezas si con ello obtiene un ligero beneficio para su ascensión a la cumbre. La ventaja es que es uno de los modelos más fáciles de evitar, si tu no estás interesada en su puesto, claro está: mantén tus ideas fuera de tu alcance y documenta todo lo que hagas para que no se pueda llevar el mérito.

Modelo Trepa

El problema del Trepa es que puede que en lo que se esté apoyando para trepar sea tu cuello…

 

    • El modelo “Florero”

Todos hemos tropezado en alguna ocasión con un personaje de estos. No está capacitado para el puesto que tiene y además tampoco tiene la iniciativa de al menos intentarlo. Parece que se pregunta eternamente: “¿cómo he llegado yo hasta aquí”. La ventaja de este tipo de jefe tóxico es que no tomará ningún tipo de decisión por su cuenta. La desventaja es que la información que llega a través de él hay que filtrarla como el agua de chufas con un trapo bien fino… He llegado a tener jefes de estos que han convencido al cliente de que yo era capaz de conseguir el móvil perpétuo. El mejor consejo es puentearlos lo más disimuladamente posible.

    • El modelo “Anclado en el pasado”

El lema de estos personajes es que, como en el baúl de los recuerdos, cualquier tiempo pasado fue mejor. No propongas cambios, no alteres nada y a ser posible preséntalo todo en papel porque cualquier medio digital lo ha inventado el demonio. Y por supuesto, temas como la conciliación laboral, el reconocimiento de la mujer en el trabajo, la motivación profesional del empleado etc… los dejamos para un jefe de nuestro siglo. La ventaja es que normalmente son animales en vía de extinción por pura cuestión de edad, pero vamos, alguno queda todavía en la cuarentena de este tipo, nos tocará soportarlos unos cuantos años.

    • El modelo “Egoboss”

Que se caracteriza porque con razón o no, se cree la deidad Suprema en todo lo que hace. Lo de con razón viene a que hay dos versiones en este modelo: el que se cree Dios porque en parte lo es (vamos, que es realmente un genio y una autoridad en algún tipo de campo, pero eso hace que se le suba el éxito a la cabeza y ya por ello quiere tener razón en todo. EN TODO, creedme, llegué a tener un jefe de éstos que cuando le decía que algo estaba mal dicho en español, me preguntaba que si estaba segura) y el que se lo cree igualmente pero es un pobre diablo que a todo lo más que llega es a mando intermedio en una empresita pequeña. A mí particularmente son de los que más me molestan porque ellos TODO lo hacen bien y los demás TODO lo hacemos mal. No se equivocan nunca (según ellos, naturalmente) y no hay manera de llegar a acuerdos con ellos porque no se equivocan nunca. La mejor manera de sobrellevarlos es procurar reducir las interacciones al mínimo y  hacer que te den por escrito todo, pero todo lo que te mandan hacer. Para que quede constancia de que no te has vuelto tarumba y es él el que lleva cambiadas cuatro veces las estrategias del proyecto para volver al mismo contenido original.

    • El modelo Terminator

Es un jefe dedicado a la exterminación y erradicación de todo lo que se le ponga por delante, sea un proyecto, sea una persona. No le importa cargarse a la misma empresa si con eso ve saciada su sed de venganza y además son erráticos y no parecen tener motivos aparentes para tanto odio. No sé de donde salen semejantes sujetos y dudo bastante de su salud mental. El único consejo que tengo es huír, cuanto más rápido, mejor.

Modelo Terminator

El modelo Terminator es un poco como los malos del comic. Si no fuera por lo real que es y el daño que hace, resultaría una caricatura…

    • El modelo Matón de Barrio

Son los herederos natos del chulo aquel que te acosaba en el colegio (eso que ahora le dicen “bullying”). Pero como ahora darte dos tortas por los pasillos está muy mal visto, acuden al socorrido acoso verbal, maldisimulado en “interés de la empresa”. Jefes que no saben vivir sin dejar caer las famosas frasecitas: “tú verás”, “hay cientos por ahí que quieren tu puesto”, “yo que tú me pensaría lo que estás haciendo”, “si no vienes a currar el sábado, no te molestes en venir el lunes”… No sé si de verdad están convencidos de que con estas estrategias mejoran el rendimiento de su tropa, pero tengo un mensaje para ellos: el estrés bloquea el rendimiento y eleva la animosidad de la peña. Por no comentar que para lo único que sirve es para hacer que sus empleados manden currículums a diestro y siniestro hasta que se libren de ellos, y este modelo sólo sobrevive por mal que está el mercado laboral.

    • El modelo Fiera

Este tipo de comportamiento puede presentarse en conjunción con cualquiera de los anteriores y a lo mejor no habría que clasificarlo como patología propia. Pero como alguno me he encontrado que solamente adolece de este comportamiento, he decidido ponerlo aparte. Es el típico jefe que se pone como un basilisco por cosas que no tienen la más mínima importancia: grita, chilla, le da golpes al material de oficina y a las puertas, suelta insultos a voz en cuello que el cree que no está escuchando nadie después de colgar el teléfono o terminar con los correos electrónicos. Una auténtica visión. Por fortuna aunque es ruidoso y da miedito, es fácil detectar cuando ha entrado en crisis y basta con elegir ese momento para correr a la máquina de café más cercana con la excusa de que necesitas uno…

Modelo Fiera

La ventaja del modelo Fiera es que se le ve venir de lejos


Y vosotros, ¿qué tipo de jefes tóxicos habéis conocido? ¿pensáis que habéis topado con un modelo que aún no tengo en la lista? Espero vuestros comentarios al respecto…

Nos mata la incultura científica, pero también la espiritual

Me voy a meter en camisa de once varas por ser día tres. Y también indico desde el principio que lo que voy a dar a continuación es una opinión basada en hechos, observaciones y vivencias propias que me han ido sucediendo. Estoy segura de que hay mucha investigación y muy buena al respecto del tema que voy a tratar, pero no tengo en estos momentos el tiempo y las ganas para ponerme a buscar y escribir algo más sesudo.

La cosa empieza cuando leí hace unos días la historia del chico que abandonó la terapia contra el cáncer por un curandero. Bueno, más que el artículo periodístico, con el que puedes estar más o menos de acuerdo pero que no deja de contar el dolor de una familia al perder a un hijo y los malos caminos por los que nos puede llevar la desesperación si no reflexionamos un poco con la cabeza fría sobre nuestras opciones. Hasta ahí pocas sorpresas. Pero en los comentarios, fue como encontrarme otra vez con las dos Españas desatadas.

A ver, que sí, que magufadas las justas. Que yo no creo ni en el poder curativo de la plegaria, ni en la homeopatía, ni en la acupuntura, ni en cualquier otra de las múltiples terapias “alternativas” que se anuncian por ahí. Soy pro-vacunas por completo. Reconozco que sí que le veo mérito a algunas terapias “borderline” como las mobilizaciones, meditación, relajación y masajitos. Y soy más amiga de la taza de infusión de manzanilla para el dolor de tripas o el caldo caliente para el catarro que de tirar de los remedios farmaceúticos. Pero es porque para este tipo de males menores está probado que el tiempo es la mejor medicina y los “remedios de la abuela” sirven para acompañar de manera amorosa ese paso del tiempo. En definitiva, soy completamente escéptica ante aquello que no se ha investigado y normalmente lo que se ha investigado no ha resistido el peso de la prueba el el tema de los llamados “remedios naturales”. Pero mucho me temo que no veo con el mismo estupor que alguno de mis colegas la ayuda espiritual que la gente decida usar para apoyar sus tratamientos, siempre y cuando eso no les lleve a dejar de lado el tratamiento convencional para una enfermedad que sabemos que no se cura de otro modo.

 

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No, no creo tampoco en la dieta de la alcachofa…

Porque creo que en el mundo occidental, de puro descreídos, nos hemos olvidado de la parte psicológica, de la parte espiritual del asunto. Y hace falta psicología, y mucha, cuando te enteras de que aproximadamente 30% de las dolencias de tipo crónico que existen no tienen una base física que las explique y se sospecha que pueden ser de origen somático. La necesitas para enfrentarte a una terapia que sabes que con bastante probabilidad te va a curar, pero que es larga, dolorosa y va a minar tu calidad de vida mientras dure. O también para afrontar el momento en que ese médico te dice que se ha terminado todas las posibles terapias a las que puedes acceder y sólo te queda el final. La medicina actual está tan concentrada en curar el cuerpo del paciente que se nos olvida que somos personas y que un buen médico tendría que intentar tratar al enfermo en su totalidad, con las circunstancias con las que viene a esa consulta y las limitaciones físicas y mentales con las que llega. Si eres de los que piensas que nunca en la vida has necesitado o vas a necesitar el efecto placebo para seguir adelante, pues enhorabuena. Pero me temo que la mayoría de los seres humanos tenemos una patena biológica que nos hace sentir (que ya no digo pensar, mi parte racional también me indica que el placebo tendría que ser completamente innecesario) de manera diferente.

Hace ya cuatro años me vi enfrentada a una larga temporada de estancias intermitentes en un hospital, de pruebas médicas tratando de confirmar o descartar diferentes posibilidades. Y creo que fue en aquellos momentos cuando llegué a la conclusión de que nos hacía falta mucha cultura de base sobre las reacciones humanas, mucha conversación y mucha capacidad de escucha, tanto a los médicos como a los pacientes. Creo que trabajar este punto en la medicina convencional acabaría de un plumazo con la mayor parte de esas terapias alternativas tipo charlatanería que circulan por ahí.

Trabajos de mier…

Hace seis meses yo tenía un trabajo de mierda. No, no se trataba de un trabajo demasiado esclavo, ni de condiciones degradantes. Tampoco era mileruista, o estaba mal pagada o reconocida. Seguro que alguna de vosotras ya estaréis pensando que soy una malcontenta y que con esas condiciones bastante tenía para estar contenta. Y que es quejarse de balde. En eso tenéis razón, pero lo cierto es que sabéis que realmente creo que es gracias a este inconformismo puñetero y sin sentido que presentamos los humanos que hemos conseguido llegar a la luna y crecer y multiplicarnos con tanto o más éxito que las setas.

La definición de lo que es un trabajo de mierda, sale de este artículo publicado originalmente en un magazine algo revolucionario de habla inglesa y que me ha llegado por varios canales las veces que comentaba la problemática que sentía cuando realizaba este trabajo, algunas veces pensando que iba a ser incomprendida. Se trata de ese tipo de trabajos en los que no produces absolutamente nada. Y tienes la sensación de que si un rayo divino cayera del cielo y acabara en un segundo con todos aquellos que tienen la misma denominación en sus tarjetas de visita comerciales, el mundo seguiría marchando con la misma precisión que un reloj suizo. No pasaría absolutamente nada.

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Hacer el ganso cuando eres un delfín, otro ejemplo de trabajo de mier…

Y ahí es donde empieza el martirio chino de la raza humana. Porque desde hace tiempo los trabajos realmente productivos son realizados cada vez más con ayuda de maquinaria. Se necesita mucha menos capacidad y tracción humana para conseguir el rendimiento necesario para producir nuestro sustento básico. Lo que nos queda es aumentar la producción en lo que no es básico, tirar por el sector servicios… o los trabajos de mierda. Consultores de consultores, abogados especializados en cómo levantar un clip del suelo, multitud de terceros en discordia que intentan sacar lo suficiente para vivir con ese tipo de ocupación.

El problema es que a la larga el ser humano pretende reivindicarse: los trabajos de este tipo no pueden realizarse durante mucho tiempo sin pasar factura psicológica. A no ser que seas un témpano sociológico al que le resbale completamente de donde sale el dinero que cae cada mes entra en la cuenta del banco, te sentirás mal por ejercer este tipo de trabajo. A pesar de que no haces nada amoral, ni ilegal, te da la impresión de que has vendido tu alma al diablo y según van pasando los años resulta más y más difícil escaparse.

Yo escapé. No voy a asegurar que el trabajo que hago ahora tenga más sentido que el que hacía antes. Pero yo al menos le veo mucho más sentido. Y en eso reside toda la diferencia.

Levantarse 101

Sé que este blog nunca va a ganar un premio a la regularidad, pero lo cierto es que hay momentos que me pierdo del todo. A pesar de que me encanta compartir cosas en este espacio, de que hay mil ideas que contar, muchas ideas que me encantaría compartir, ocurre lo mismo de siempre. Me vence la rutina, el fluir de la vida: estoy demasiado cansada, hay una comida por hacer, los Supernenes necesitan urgentemente una madre o SM pide algo de atención… Es el río que nos lleva.

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Por fortuna vengo de una familia en que me han enseñado a trabajar duro, a que si tengo algo en mente tengo que seguir trabajando e intentándolo todas las veces que sea necesario. No me tengo que agobiar y estresar por las veces que he caído. Simplemente tengo que seguir intentándolo hasta que consiga ponerme de nuevo en pie y poner en marcha aquello que me propongo. Y realizar los cambios que sean necesarios para intentar que la cosa funcione.

He vuelto. Lo importante en esta vida no es caer cien veces, lo que importa es levantarse la ciento uno.

¡Qué suerte ser así!

¡Qué suerte pensar que eres el heredero de una especie de tierra prometida!

Poder pensar que tienes lo que te mereces, que un hogar seguro no es un privilegio sino tu derecho por nacimiento…

… que los problemas del mundo no te tocan, no te rozan, porque tú, cómodo en tu poltrona, te mereces estar ahí.

Y son los demás, los otros, los que tienen que vivir con menos de un euro al día, o menos de dos, los que tienen el problema. Pero que te dejen en paz a tí, hombre, que tú no tienes la culpa de nada…

¡Qué suerte no ver los problemas del mundo hasta que no llaman a tu puerta!

Y cuando llaman enfadarte con los que no se resignan a morir en donde les toca, qué personas tan molestas.

Qué avaros, qué mezquinos, venir aquí con los problemas que tenemos, con la que está cayendo… Quieren las migajas de nuestro grande y jugoso trozo de pastel… Bueno vale, igual ya no es trozo de pastel, que en los últimos años tenemos solamente una magdalena. Pero, ¿qué se han creído, caray, venir huyendo de una guerra atroz en que lo han perdido todo y pretender que les pongamos de gratis un techo, algo de comida y una cobertura básica hasta que puedan levantar un poco cabeza? ¡Con lo que eso cuesta! Es mejor seguir como hasta ahora y gastarse ese dinero en mordidas y mamandurrias varias: cada palo que aguante con su vela.

¡Qué suerte pensar que son los otros los que tienen que hacer algo!

Porque tú lo tienes tan claro, que no es problema tuyo, que la injusticia social a nivel mundial no la has inventado tú (solamente vas montado en ella). Y eso ayuda a que te laves las manos, no puedes hacer nada al respecto…

Es más, es el que lo ve como un problema global el que “tiene que abrir sus puertas a esos millones y millones de refugiados” (o “mientras no tengas tú uno en casa, no puedes hablar”: dando merecida cuenta de tu ignorancia sobre el problema, ya que en España al menos no hacemos ni la mitad de lo que podríamos hacer y estas personas necesitan una infraestructura determinada y un apoyo profesional cuando viene…).

Datos

Reproducida de The Economist

Lo mejor de todo es que después de estas conversaciones, la que se queda pensando como una gilip… si podría hacer más de lo que hago suelo ser yo, porque tú, tú tienes la suerte de tenerlo clarísimo: la ignorancia y la estupidez son alguna de las bases de una felicidad duradera.

¡Qué suerte que tu mayor preocupación sea que la prensa no emita imágenes que “alteren tu paz espiritual”!

Y que no cierres los ojos y veas en el rostro de ese niño tendido en la arena el rostro de los tuyos propios…

… sabiendo el tipo de situación desesperada que te llevaría a jugar su vida a la ruleta rusa y agradeciendo por dentro una y mil veces que de momento te salvas.

¡Qué suerte pensar que nunca, nunca, te va a tocar a tí!

Y sí, soy una “buenista” que he vuelto a quitar la palabra de la boca a “los míos” para dárselo a quien creo que lo necesita más en este momento. En Octubre os prometo que sale el post sobre conciliación que tengo preparado, pero hoy no me podía quedar callada… No, no creo tener la verdad absoluta, ni tengo la solución a todos los problemas. Pero al menos tengo la decencia de reconocer que esto es una olla a presión y que no podemos esperar a que pete y nos abrasemos para plantearnoslo…

Si Susana fuera un hombre

Susana Díaz acaba de ser mamá, y se le ha ocurrido parir coincidiendo con la semana de la lactancia materna. Como yo el tres de agosto casi siempre termino dedicándolo a estos temas, estuve pensando en todo lo que he leído en prensa, que ha sido poco porque estoy de vacaciones. Y me he quedado con la frase que abre la cabecera y que he sacado de un estupendo artículo que hace mención a que si Susana fuera un hombre, no nos hubiéramos enterado siquiera de su maternidad, como ha ocurrido con tantos y tantos políticos varones del panorama nacional.

El artículo me parece justo y meritorio, si partes del punto de vista de que somos todos iguales. Pero el caso es que Susana no es un hombre y si escribo estas líneas es porque yo tampoco lo soy. Y mientras no perfeccionemos el tema ese de la Franken-carne y otros adelantos biológicos que nos llegarán en el futuro, Susana, Carmen, Soraya y las que vendrán después de ellas, tendrán que discutir su baja laboral porque solamente ellas pueden parir, no pueden poner la semillita y largarse de todo lo que les viene en aras de una ambición desmedida por trepar. Ellas van a tener que soportar durante nueve meses la carga biológica que supone multiplicar una célula solitaria hasta crear un ser de unos tres kilos de peso en media. Y aunque ahora existan alternativas a la alimentación por leche materna, no dejan de ser sucedáneos de lo real y de lo que tendría que ser lo normal, que es la lactancia materna que estamos promocionando en esta semana.

Si es el primer escrito mío que cae en tus manos, igual te están dando ganas de clasificarme como fundamentalista talibana de la teta y apagar el ordenador o la tablet desde la que estés leyendo. Pero las que llevan un tiempo siguiéndome saben que hay un pero. Somos biológicamente muy distintos y tenemos que asumirlo e integrarlo en nuestros usos y costumbres si de verdad queremos sobrevivir como especie. Porque las mujeres somos las que podemos parir y dar el pecho pero eso no está reñido con la cantidad de inquietudes intelectuales, sociales y de mando que tenemos y a las que hoy en día podemos acceder gracias al cambio en la sociedad que nos rodea. No sólo eso, hay muchos hombres que hoy en día quieren ejercer de padres de sus hijos, no sólo de Cromagñones que salen a cazar al campo y vuelven de tanto en tanto para alimentar a la prole y volver a preñar a la hembra. El problema es que cambiamos la estructura social, cambiamos las promesas, pero llegó un momento en que en España se detuvo el cambio antes de llegar a la cima: horas de trabajo que no sirven para aumentar la productividad, horarios imposibles e intempestivos que vienen de otras épocas en que no había más remedio que realizarlos y esa mentalidad ofuscada de que sólo es buen trabajador aquel que no levanta la cabeza, ni el culo del lugar que tiene asignado en su oficina.

Después de mi periplo europeo, cada vez tengo más claro que trabajar mucho no está proporcionalmente relacionado con las horas en que calientas el banco o figuras en la empresa. Y que el mejor jef@ y directiv@ no es aquel que se tiene que desplazar a la oficina recién parida/con la mujer en la sala de recuperación para figurar, sino aquel que se puede permitir tomarse una baja de unos días y un bajón en el ritmo de su trabajo unos meses sin que se resienta demasiado el ritmo de su departamento. Entiendo que un autónomo o una empresa de menos de diez personas no pueda perder a su cabeza pensante por un tiempo tan grande (aunque también creo que hay soluciones creativas a aplicar en ese tipo de casos para lograr conciliar la vida familiar y laboral). Pero en cualquier estructura de más de diez personas, se puede suplir con un poco de buena voluntad por las dos partes esa baja sin problemas. El mejor favor que nos podrían hacer a todos es igualar la baja laboral por paternidad de hombres y mujeres en este país: poner un mínimo remunerado y lógico para los dos padres que beneficie a los bebés, que al fin y al cabo son los protagonistas de este momento. Y luego un sistema que permita tomarse el tiempo necesario, aunque sea de forma no remunerada a cualquiera de los dos padres sin sufrir hándicaps laborales en ese proceso. Así se conseguiría matar dos pájaros de un tiro. ¿Utopía? Dejemos de mirar en el caso Susana Díaz a los políticos varones de este país como ejemplo a seguir y miren por favor para fuera. Si el presidente del gobierno británico pudo permitirse una baja laboral por paternidad, creo que no es utópico pensar que cualquiera puede tomarla.

Padres que no pueden soportar a sus hijos

Llega el verano y las vacaciones escolares. En España ya lleváis unas semanas disfrutándolas. A mí me quedan aún un par de ellas para tener a los dos Supernenes en casa. Y puede que sea una loca confesa, pero estoy muy contenta por ello. Contenta de que se acabe el curso, las presiones, de tener tiempo en casa para disfrutar con mis hijos, de poder irme a la playa con ellos… Juzgando por lo que se lee en la blogosfera, soy una rara avis. Las madres y padres que nos alegramos de las vacaciones, somos los menos.

 

Verano chiste Faro

El chiste me ha llegado circulando por la red, pero la fuente original de la ilustración es www.e-faro.info

 

Ha sido una amiga mía, maestra y blogger también, la que comentaba el otro día con nosotros cómo le pone nerviosa por estas fechas la cantidad de padres que ya no es que parezcan desbordados por las vacaciones que se acercan, sino que se quejan de tener que convivir con sus hijos durante más de dos días seguidos. La primera situación dentro de lo que cabe, es normal, si resulta que tienes niños pequeños y una jornada laboral completa y no tienes donde dejarlos en esos momentos: soy madre trabajadora y he vivido esa tesitura, sé el dolor de cabeza que cuesta organizar un verano para que tus hijos estén bien atendidos y cuidados… no, no es a esto a lo que me refiero. Os puedo asegurar que te pasa incluso teniendo un sistema muy eficaz de cuidado fuera de las horas de escuela como el que tienen en Sajonia, o críos algo más grandes como son los míos en este momento.

Tampoco me estoy refiriendo a los momentos chiste o de desazón que tenemos todas (estoy pensando en el Club de las Malas Madres, que es el último lugar donde he leído lamentos variados y en masa por las vacaciones y mira, justamente cuando voy a poner el enlace me doy cuenta de que hace poco han hablado de un tema parecido). Todas tenemos esos cinco minutos secretos en el día en que nos arrepentimos mogollón de haber sido madres y ese momento en que damos gracias a quien nos corresponda en la lista de creencias porque no hay una lámpara de Aladino con tres deseos (ya que habríamos usado uno para borrar a nuestros retoños del mapa). Todas necesitamos una hora o dos de olvidarnos de que somos madres y nos la merecemos de cuando en cuando. No, la frustración es humana y normal, los niños son niños y hay ratitos en que les mandaríamos solos al fresco. La buena noticia es que según van siendo más mayores, ¡es posible hacerlo! Y creedme que eso facilita mucho la paz y la armonía familiar (pero ese es otro tema en el que no voy a meterme ahora).

No, estoy hablando de algo más profundo, de gente que parece haber tenido hijos porque “tocaba” y se dedica a ir dejándolos aparcados según corresponda la temporada: en invierno en clase, en verano en la animación del hotel. En las últimas vacaciones en Mallorca, viví como dos señoras delante de mí le decían literalmente a la de la recepción que les “habían arruinado las vacaciones” porque la animación infantil cerraba una hora al día para comer. Cuando me tocó el turno y comenté con la muchacha que me parecía una exageración, me confesó que era muy frecuente, demasiado frecuente en los últimos años. Lo cuál choca más porque estamos en una época en que tener hijos tendría que ser una actividad completamente voluntaria…

Como madre, intento no juzgar las circunstancias de los demás porque ya tengo bastante con las mías propias. Intento pensar que esta gente tiene poco tiempo para estar con sus parejas en sus vidas normales, no sé, intento buscar explicaciones lógicas para que alguien pueda considerar su vida arruinada por tener que pasar una o dos horas al día con sus hijos en vacaciones. Pero rodeada como estoy por amistades que ejercen como maestras, educadoras infantiles y profesor@s de instituto, sé que hay muchos casos en que no ocurre así. En que sencillamente cada hora de menos pasada con sus hijos es una hora ganada al día. Y si me meto en ello y me preocupa es porque por mucho que hablemos de las horas de “calidad” pasadas con nuestros retoños, realmente la mejor educación que les podemos dar es la basada en el ejemplo y en el cariño. Para eso, se necesita contacto con ellos. Contacto cuando estás tú también en lo mejor. Dejamos el cuidado de nuestros hijos en manos ajenas y luego nos asombramos cuando hay unos adolescentes delante de nosotros, a los que no reconocemos y de los que no sabemos absolutamente nada.

Para mí, tener a mis hijos cerca en verano, cuando no estamos presionados por un horario que nos constriñe y nos hace perder los nervios y la calma; cuando podemos permitirnos esa media hora más en la cama achuchándonos, o ese desayuno interminable viendo una película; cuando los días son largos y abrimos y cerramos las playas; cuando no tengo que decir que no a un helado o a un refresco porque se han pasado todo el día corriendo y jugando en lugar de estar atados a un pupitre, para mí estas cosas pertenecen a los mayores placeres y las mayores satisfacciones que puedo vivir. Lo hago sin sacrificio y me carga a mí también las pilas de cara al invierno en el que tengo que ser a veces también madre gruñona y desagradable. Desgraciadamente, también puedo empezar a dar fe de aquello de que la infancia es una época que se pasa demasiado pronto. Hay que aprovecharla mientras se puede porque vuelan cada vez más temprano.

De vacunas y otras leches

Sé que me estoy metiendo en un jardín y que igual hacía mejor no hablando de estos temas porque además mis hijos ya están algo mayorcitos y podría hablar de política que es una cosa algo menos polémica. Pero el caso es que ni en Tweeter, ni en FB, me va a dar para explayarme sobre algunos de los comentarios leídos y escuchados sobre el caso de difteria que acaba de romper una racha de casi treinta años en España sin la enfermedad.

Empecemos por aclarar que yo para los médicos soy una mosca cojonera. No puedo evitarlo, nací así. Mi madre dice que la fase del “por qué”, en mi caso se solapó con las primeras palabras que dije. Y cuarenta y algún año después puedo confirmar que todavía no se me ha pasado. Si algo no me queda claro, pregunto. Si me ha quedado claro pero no lo suficiente, también pregunto. Es un procedimiento algo tedioso para el médico y para mí, pero que me ha librado, por ejemplo, de ser operada a boquete abierto (descubrí preguntando que existía la posibilidad de hacerlo por laparoscopia) y evitó que SG fuera vacunada seis veces contra la hepatitis B por culpa del desarreglo de calendarios entre los dos países en que la visitaba el pediatra.

Con el tema de las vacunas no iba a ser diferente. Pregunté por activa y pasiva, me empollé las ventajas e inconvenientes de cada una de las vacunas que se me iban ofreciendo. Y salvo la de la varicela, que decidimos retrasarla después de hablar con la pediatra (porque seguramente la iban a ofrecer gratuita a finales del año en que los dos Supernenes la pasaron de forma natural), mis hijos están inmunizados contra todas las enfermedades de los dos calendarios que los cubrían*, menos contra su propia frescura (al que encuentre esta vacuna, le haremos rico). Tenía muy claro que los inconvenientes individuales de pasar por la vacunación son ínfimos en comparación conque a tu hijo le arreé una meningitis tremenda que se lo lleve al otro barrio. Y como ocurre en el caso del avión como medio de transporte y en el caso de los efectos secundarios con las vacunas, por mucho que haya de cuando en cuando alguno que se cae, lo importante es que siguen siendo el mejor método de transporte y el mejor método de protección si quieres seguir llevando una sana y larga vida. Y no solamente para tí. Hasta ahora los que no han vacunado, han ido disfrutando de la ventaja real que produce una mayoría vacunada de la población (busquesé en internet protección de grupo). Pero está por ver que pasa si una cantidad demasiado grande de personas decide no vacunar. Parece ser que el caso actual se ha dado en un crío al que sus padres no habían vacunado intencionadamente, pero podría también haberse dado perfectamente en uno en el que la vacunación no hubiera producido todavía la inmunidad completa, a un crío realmente alérgico a las vacunas o en un bebé tan pequeño que aún no se hubiera podido vacunar…  A mí al menos mi sentido de la responsabilidad social no me dejaría dormir por las noches sabiendo que he podido hacer algo sobre este tema y no lo he hecho (la carta de Roah Dahl que reproduce en su artículo mi querida MR es sobrecogedora y nos recuerda que hasta aquello que nos parece una enfermedad de niños, puede tener consecuencias espantosas).

Hasta ahí lo que pienso sobre las vacunas. Bueno, ahí va la sorpresa: he dado de mamar a los dos Supernenes hasta los tres años, más o menos. Y no paso (sin cabrearme) por leer ayer más de un comentario que equiparaban a las madres que hemos dado lactancia materna prolongada con las antivacunas. No paso por ello porque tanto vacunar como dar el pecho son actividades sobre las que hay suficientes estudios para avalar el beneficio a la salud pública que reportan. Eso es de todos conocido (también búsquese por Internet beneficios de la leche materna). Lo que no es tan conocido si no me habéis leído en el otro blog es que, al menos para mí, la lactancia fue un periódo estupendo, que de esclavitud nada de nada y que si uno tiene una baja maternal y unas ayudas y estructuras adecuadas tampoco te supone ningún parón radical en tu actividad, ni en tu ciclo vital. SM como hombre, no se ha sentido para nada desplazado de su paternidad por mis tetas. Es más, los Supernenes adoran a su padre, que tiene bastante menos mala leche que yo.

05-Momento ajuste

Tengo un par de tetas y una actitud… se usar las dos cosas de múltiples maneras.

Como feminista, que es algo que también soy aunque algunas que se dan mucho de ello de boquilla parece que no se lo crean, lo que quiero es que mis hijos en un futuro pueda elegir tan tranquilamente como lo elegí yo poder tener hijos o no tenerlos, poder darles el pecho o no (pero con un no convencido, no sencillamente porque alguien que no ha visto una lactancia de cerca en su puñetera vida les ha dicho que es muuuuy difícil y muuuuuy esclavo o porque no tengan la ayuda necesaria para establecer la lactancia, que no es lo mismo que tener una enfermera encima que no sabe cómo hacerlo y encima te está metiendo presión). Y que mis nietos nazcan en un entorno donde a ser posible muchas enfermedades estén completamente erradicadas porque todos hemos cumplido con nuestra parte personal de responsabilidad. No creo que sea pedir mucho. Respeto y responsabilidad, poco más.

 

* Sigo sin tener claro la utilidad de la vacuna de la gripe, salvo en casos por ejemplo como el de Supergüelo que está enfermo del corazón. Digamos que por eso no me considero anti-vacunas, simplemente en ese caso concreto, todavía no he decidido.

 

 

Ser madre

Han pasado doce años pero todavía recuerdo el día por estas fechas en que SM y yo nos enteramos de que íbamos a ser padres. En realidad la única diferencia entre el día anterior y aquel había sido que de repente un pensamiento idealizado se había convertido en una especie de futuro perfecto. Recuerdo mi sensación de alegría mezclada con un terrible miedo que me invadió en aquel momento. La misma sensación básica que sigo teniendo día a día en relación con la maternidad.

Ser madre es vivir en la cuerda floja. Un trabajo directivo de 24 horas al día y 7 días a la semana. No hay días libres. No hay fiestas. Es un trabajo que dura toda la vida, hasta el momento en que tú exhalas el último suspiro; o hasta que la vida te parte un trozo de alma y te condena a seguir viviendo sin él. Incluso en las pocas ocasiones en que tus hijos están fuera de tu control directo, los sientes como responsabilidad tuya. No dejas de sentirlos como responsabilidad tuya cuando crecen, a pesar de que resulta necesario darles espacio y tiempo para que empiecen a construir una responsabilidad propia. Decidirte a ser madre es decidir amar a un ser hasta lo infinito, alimentarle, cuidarle, enseñarle y estar ligada a él. Pensarte responsable de todos sus malos comportamientos, preguntarte por qué no han aprendido las cosas que se suponen que les han enseñado… Estar siempre al filo de la navaja. Saber que vas a sacrificar muchas cosas por ellos. Si decides quedarte en casa, serás criticada por decidir poner tu dinero donde está tu corazón. Si compaginas la maternidad con una carrera laboral, salvo en un reducido número de casos, si tienes familia siempre se va a cuestionar tu compromiso con lo laboral. Habrá noches en que no dormirás, pensando si deberías cancelar la agenda del día siguiente por esa tos que escuchas al otro lado del pasillo. Y otros días en que te sentarás culpable en la oficina sabiendo que tu hijo enfermo está siendo cuidado por manos ajenas. O terriblemente agradecida a tu propia madre, ya que sin ella no podrías estar en esos momentos trabajando.

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Momento orgullo: si están ahí interesados mirando, es que algo he hecho bien…

Los hijos son el espejo de todas tus malas virtudes, pero en el fondo también lo son de tus sueños y tus esperanzas. Es necesario comprender que el camino de sus sueños no siempre va a ser el mismo que el que tú te habías imaginado. Pero creo que el de nuestras esperanzas sí coincide: espero que los Supernenes sean felices, sean buenas personas y hagan de este mundo un lugar un poco mejor para ellos mismos y para todos aquellos que les rodean. Creo que no es mucho pedir y creo que de momento, la semilla que veo crecer en ellos, promete buena cosecha si la cosa no se tuerce.