Hoy no es día de celebrar nada

En un tiempo en el que parece que cualquier tipo de causa se ha convertido en una excusa para la reivindicación más o menos festiva, el día 8 de Marzo yo al menos entro siempre en conflicto conmigo misma.

 

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Que sí, que se ve un rayo de sol… pero el panorama está bastante oscurito en este tema…

 

Porque sé perfectamente que no es una jornada para “celebrar” nada, sino para reivindicar. ¿Qué os parece que no? Os voy a dar mis diez razones para hacer de este día un grito de nuevo:

  1. Parece que en cien años lo único que ha cambiado sustancialmente es el lugar en donde se explota a las personas. Y por desgracia, las mujeres tienen muchas más posibilidades de ser explotadas que los hombres.
  2. En el mundo “privilegiado”, seguimos a vueltas con la conciliación, tan a vueltas como estábamos hace trece años cuando aún me pensaba si me arriesgaba a ser madre. #Yotampocorenuncio y quiero que las que vengan detrás de mí lo tengan mejor de lo que lo tuve yo.
  3. Ya no es sólo el tema de la conciliación: los techos de cristal, la desigualdad de salarios, la condescendencia… Llevo veinte años de profesional escuchando que han desaparecido y volviendo a encontrarme con ellas una y otra vez. Ya no me lo creo.
  4. No importa que vaya con cuatro amistades más, si son todas de mi mismo sexo hemos “salido solas”.
  5. Ya me podrían dar un premio Nobel o un reconocimiento a toda mi carrera profesional: habrá un sector de la población que me juzgará por lo que lleve puesto o por mi apariencia física, cosa que he visto hacer con un hombre en contadísimas ocasiones. Y puedo dar gracias a que nunca he sufrido una agresión, porque del mismo modo, también se juzgaría mi actitud y la ropa que llevaba puesta.
  6. Y encima habrá muchos que se crean que el premio o reconocimiento del punto 4 me lo han “regalado” por el hecho de ser mujer (lo he escuchado personalmente cuando algunas colegas han ganado alguna beca).
  7. Si levanto poco la voz es porque no tengo suficiente decisión, si la levanto mucho, es porque soy una histérica.
  8. Aún las veces en que acierto plenamente con el tono y soy asertiva, se me acusa de “poner mis intereses personales por delante de los demás” (como si fuera algo malo o inaudito).
  9. Todavía la gente me mira y ve una mujer (que no es malo, que lo soy y no me importa serlo… lo que duele es que no vean a una persona por encima de la casualidad biológica con el cromosoma XX).
  10. Tengo una hija y un hijo. Quiero un futuro mejor para ellos. Como personas, como pareja de otras personas, como padres…

 

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Así que si me estás leyendo, levanta el vaso. Vamos a brindar por todo lo que hemos logrado. Y a ser posible recordar todo lo que nos queda por hacer todavía…

Menosválidas

Ha llegado el momento de confesaros que sufro de “menosvalía”. Sí, sí, no me he equivocado al escribir la palabra. Y es una condición en la que probablemente me acompañan muchas de las personas que leen estas líneas aunque todavía no lo sospechen.

Yo la verdad es que me olvido muy a menudo de esa “menosvalía”. Porque padecer que te consideren “menosválido” realmente no te impide hacer cosa ninguna, ni te coarta en lo personal para vivir una vida plena. Pero resulta que hay meses que se empeñan en sacarla a pasear por todas partes: una mujer que dice que como empresaria ella preferiría contratar a hombres porque las mujeres se piden bajas laborales para tener hijos; un gestor del ayuntamiento (y para colmo que tiene un cargo de relevancia en el consejo de la familia de su partido político) que releva de su puesto a una persona de confianza y pone como excusa que esa persona (que trabaja a jornada completa) no se va a quedar calentando la silla por las tardes porque es madre de familia; el anuncio en el periódico que pone textualmente que “las mujeres, los minusválidos y otras minorías pueden optar a esta plaza“ (lo de llamar “minoría” a casi un 50% de la población mundial manda muchas narices); esa amiga mía que después de pedir durante algunos años una beca de investigación y no conseguirla (según su jefe porque no preparaba suficientemente bien los documentos) resulta que tiene que escuchar de ese mismo jefe cuando se la dan que “es obvio que en esa ocasión tenían que cubrir un cupo de plazas femeninas (como dice mi amiga, “si pierdo soy yo, si gano es que me ayudan… no tengo manera de triunfar de verdad”)… La “menosvalía” se da en todas las capas sociales, en todos los estamentos y está mucho más extendida de lo que se cree.

Como decía al principio, estoy segura de que muchas de las personas que me leen, acaban de darse cuenta de que son tan “menosválidas” como yo. Y no os penséis que éste es un alegato feminista solamente. Aquellas personas que realmente sufren alguna minusvalía de algún tipo (sé que algunos de ellos prefieren clasificarse como gente especial y de alguno que directamente se ha puesto el mote de retrón… a todos ellos mi mayor respeto, porque torear en la plaza que torean, sí que es ser valientes) también sufren del mismo problema. Y las famosas minorías también (lo sé porque yo soy extranjera en mi aldea y hay personas que según abro la boca y me escuchan hablar con acento, ya dan por hecho que soy idiota o que trabajo usando mi cuerpo en lugar de mi cerebro). Y lo malo que tiene la “menosvalía” es eso, que existe solamente en los ojos, en los oídos y en los pensamientos de las personas que juzgan al menosválido, no es una barrera real, por eso es tan difícil acabar con ella.

 

Supongo que hay gente que en lugar de llamarlo “menosvalía” preferiría llamarlo prejuicio, pero esa me parece una palabra demasiado elegante para describir un tema que apesta y lleva tiempo apestando, porque se pueden hacer declaraciones semejantes a las que he escrito, sin que haya más reacciones que un cabreo general por parte de las partes afectadas. Yo me he decidido a vivir mi vida con esta tara, concentrándome en aquellas personas que realmente son capaces de ver la valía que se esconde bajo los estereotipos.

Y otra vez como si nos despertásemos con la misma radio, ocurre que MR le está dando vueltas al mismo tema que yo… Os recomiendo el vídeo de las princesitas malhabladas que pone ella en su página (yo sabéis que prefiero no soltar tacos) y que nos recuerda que lo peor de todas las menosvalías es que se manifiestan desgraciadamente en consecuencias reales para el considerado “menosválido”…