Éxodo

Y aunque esta sea una preciosa Aldea y sus barrotes sean de oro, no dejamos de ser una ciudad. Cuando llegan las vacaciones, los urbanitas salimos disparados en dirección al campo, a pesar de que vivimos en un lugar donde la mayoría de la gente viene a pasar sus vacaciones, como se puede apreciar por el tráfico que hay en nuestra contra.

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Haga frío o calor…

La Aldea tiene que seguir en movimiento. Tenemos un sistema de transporte público que es la envidia del vecindario, entre otras cosas porque se tuvo que modernizar todo a finales de los 90 después de la reunificación. A mi personalmente me parece uno de los lujos más extraordinarios de la vida aquí, que en menos de una hora se puede cruzar la ciudad de punta a punta, sin ningún tipo de preocupación, de forma puntual, económica para el bolsillo y lo más respetuosa para el medio ambiente (sin ser bicicleta, claro).

 

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