Poner las cosas en perspectiva

Los amigos o los que me sigáis de forma contínua ya habréis deducido que mi “romance anónimo” con el Jefe más raro que una seta no ha terminado bien. Creo que soy bastante buena en el trabajo que hago y que tengo un enorme potencial, pero no soy la persona perfecta. El palo de quedarte de la noche a la mañana sin trabajo es duro, para que vamos a suavizarlo. Te deja pensando en todo lo que ha podido fallar. Pero por otra parte, ha servido para recordarme todo aquello que hay en mi vida que doy muchas veces por supuesto y de lo que no me doy cuenta hasta que ocurren este tipo de cosas que te abren en un momento los ojos:

  • Estoy viva, no sólo eso: no me falta la salud, ni las ganas de trabajar, ni el ánimo, lo cuál es una maravilla a apreciar y agradecer.
  • Tengo una familia estupenda que está y siempre ha estado ahí a mi lado.
  • Mientras me sentía caer, ya había una red a mi alrededor de muchas manos virtuales y no virtuales, formándose para amortiguar al caída. No tengo palabras para agradeceros el apoyo porque mi familia, quieras que no, me tocó en la tómbola, pero tod@s nosotr@s nos hemos elegido.
  • Gracias a Zeus a estas alturas, el problema es más de moral que económico. Nos podemos permitir vivir bien con un único sueldo, que es de agradecer (estoy pensando en toda la gente para la cuál ser despedida supone una pérdida económica considerable… esos casos son los que más rabia me dan).
  • No sólo eso, mi principal capital es el intelectual: tengo muchos conocimientos, hablo varios idiomas (aunque una minoría se empeñe en que no soy perfecta, coño, lo que me decía ayer el psicólogo… que soy de las pocas que hace terapia cognitiva en una lengua materna que no es la suya y que para eso mi nivel de alemán no es precisamente “bajo”).
  • Siempre ando quejándome de las cosas que tengo a medio hacer por falta de tiempo… Y de repente tengo muchísimo tiempo en mis manos.

En definitiva, que una de las piezas que componen mi vida se ha soltado pero de momento no se ha ido nada al garete. Volveré a cabalgar y lo más probable es que encuentre algo más tarde… Y con un poco de suerte sabré apreciar lo bueno de mi nuevo puesto de trabajo en comparación con lo que voy a dejar atrás.
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Levantarse 101

Sé que este blog nunca va a ganar un premio a la regularidad, pero lo cierto es que hay momentos que me pierdo del todo. A pesar de que me encanta compartir cosas en este espacio, de que hay mil ideas que contar, muchas ideas que me encantaría compartir, ocurre lo mismo de siempre. Me vence la rutina, el fluir de la vida: estoy demasiado cansada, hay una comida por hacer, los Supernenes necesitan urgentemente una madre o SM pide algo de atención… Es el río que nos lleva.

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Por fortuna vengo de una familia en que me han enseñado a trabajar duro, a que si tengo algo en mente tengo que seguir trabajando e intentándolo todas las veces que sea necesario. No me tengo que agobiar y estresar por las veces que he caído. Simplemente tengo que seguir intentándolo hasta que consiga ponerme de nuevo en pie y poner en marcha aquello que me propongo. Y realizar los cambios que sean necesarios para intentar que la cosa funcione.

He vuelto. Lo importante en esta vida no es caer cien veces, lo que importa es levantarse la ciento uno.