Si Susana fuera un hombre

Susana Díaz acaba de ser mamá, y se le ha ocurrido parir coincidiendo con la semana de la lactancia materna. Como yo el tres de agosto casi siempre termino dedicándolo a estos temas, estuve pensando en todo lo que he leído en prensa, que ha sido poco porque estoy de vacaciones. Y me he quedado con la frase que abre la cabecera y que he sacado de un estupendo artículo que hace mención a que si Susana fuera un hombre, no nos hubiéramos enterado siquiera de su maternidad, como ha ocurrido con tantos y tantos políticos varones del panorama nacional.

El artículo me parece justo y meritorio, si partes del punto de vista de que somos todos iguales. Pero el caso es que Susana no es un hombre y si escribo estas líneas es porque yo tampoco lo soy. Y mientras no perfeccionemos el tema ese de la Franken-carne y otros adelantos biológicos que nos llegarán en el futuro, Susana, Carmen, Soraya y las que vendrán después de ellas, tendrán que discutir su baja laboral porque solamente ellas pueden parir, no pueden poner la semillita y largarse de todo lo que les viene en aras de una ambición desmedida por trepar. Ellas van a tener que soportar durante nueve meses la carga biológica que supone multiplicar una célula solitaria hasta crear un ser de unos tres kilos de peso en media. Y aunque ahora existan alternativas a la alimentación por leche materna, no dejan de ser sucedáneos de lo real y de lo que tendría que ser lo normal, que es la lactancia materna que estamos promocionando en esta semana.

Si es el primer escrito mío que cae en tus manos, igual te están dando ganas de clasificarme como fundamentalista talibana de la teta y apagar el ordenador o la tablet desde la que estés leyendo. Pero las que llevan un tiempo siguiéndome saben que hay un pero. Somos biológicamente muy distintos y tenemos que asumirlo e integrarlo en nuestros usos y costumbres si de verdad queremos sobrevivir como especie. Porque las mujeres somos las que podemos parir y dar el pecho pero eso no está reñido con la cantidad de inquietudes intelectuales, sociales y de mando que tenemos y a las que hoy en día podemos acceder gracias al cambio en la sociedad que nos rodea. No sólo eso, hay muchos hombres que hoy en día quieren ejercer de padres de sus hijos, no sólo de Cromagñones que salen a cazar al campo y vuelven de tanto en tanto para alimentar a la prole y volver a preñar a la hembra. El problema es que cambiamos la estructura social, cambiamos las promesas, pero llegó un momento en que en España se detuvo el cambio antes de llegar a la cima: horas de trabajo que no sirven para aumentar la productividad, horarios imposibles e intempestivos que vienen de otras épocas en que no había más remedio que realizarlos y esa mentalidad ofuscada de que sólo es buen trabajador aquel que no levanta la cabeza, ni el culo del lugar que tiene asignado en su oficina.

Después de mi periplo europeo, cada vez tengo más claro que trabajar mucho no está proporcionalmente relacionado con las horas en que calientas el banco o figuras en la empresa. Y que el mejor jef@ y directiv@ no es aquel que se tiene que desplazar a la oficina recién parida/con la mujer en la sala de recuperación para figurar, sino aquel que se puede permitir tomarse una baja de unos días y un bajón en el ritmo de su trabajo unos meses sin que se resienta demasiado el ritmo de su departamento. Entiendo que un autónomo o una empresa de menos de diez personas no pueda perder a su cabeza pensante por un tiempo tan grande (aunque también creo que hay soluciones creativas a aplicar en ese tipo de casos para lograr conciliar la vida familiar y laboral). Pero en cualquier estructura de más de diez personas, se puede suplir con un poco de buena voluntad por las dos partes esa baja sin problemas. El mejor favor que nos podrían hacer a todos es igualar la baja laboral por paternidad de hombres y mujeres en este país: poner un mínimo remunerado y lógico para los dos padres que beneficie a los bebés, que al fin y al cabo son los protagonistas de este momento. Y luego un sistema que permita tomarse el tiempo necesario, aunque sea de forma no remunerada a cualquiera de los dos padres sin sufrir hándicaps laborales en ese proceso. Así se conseguiría matar dos pájaros de un tiro. ¿Utopía? Dejemos de mirar en el caso Susana Díaz a los políticos varones de este país como ejemplo a seguir y miren por favor para fuera. Si el presidente del gobierno británico pudo permitirse una baja laboral por paternidad, creo que no es utópico pensar que cualquiera puede tomarla.

Juego de niños

Siempre que llegan estas fechas andamos liados con la llegada a las casas de los Reyes Magos (hago apología de los tres, porque a mí siempre me trajeron ellos las cosas, el gordo de la barba es como dice Supergüeli “un engendro extranjero”). En la Superfamilia lo cierto es que llegan un poco en plan esquizofrénico por aquello de que nosotros no nos encontramos en el país y vienen cuando pueden.

Y con los Reyes empieza generalmente el bombardeo de “me lo pido” y la discusión de si los juguetes son de chicos o de chicas. He tenido discusiones apasionadas sobre el tema a costa del catálogo de Toy Planet, con la lavadora automática que se pidió Supersobrino en el 2012 y durante toda la infancia de Superboy en su momento “pinchecha” (tenía una hermana mayor: durante el primer lustro de su vida se pirraba por ponerse faldas, pintarse las uñas, llenarse de collares y repetir que era Cenicienta).

Salvo el tema de las uñas, que sigue gustándole pintárselas un montón, lo demás ya no lo hace. La pena es que seguramente no será porque no le guste, sino porque la sociedad alrededor suyo le marca los estereotipos más normales relativos a su sexo. Aunque tampoco me parece tan malo. Soy la primera en insistir que los hombres y las mujeres somos biológicamente opuestos: durante miles de milenios de evolución nos hemos especializado en distintos papeles y es normal que ciertas cualidades y preferencias se hayan desarrollado en paralelo a esta especialización.

Y hasta ahí la parte biológica. Pero lo importante es que los humanos llevamos los mismos milenios evolucionando en otra característica, que nos hace humanos por encima de nuestro sexo, nuestra raza o nuestras características personales: la capacidad de adaptación. Y dado que somos los animales más adaptables que ha producido este planeta no me puedo creer que estémos tan condicionados por esas diferencias biológicas como parecen asumir algunos. Siempre uso el mismo ejemplo: SM mide metro noventa y yo no llego al metro setenta. Los dos somos perfectamente capaces de bajar los trastos del estante más alto de la cocina. Cada uno, eso sí, usa una técnica adecuada a su tamaño.

En definitiva, que sí, que las mujeres no somos hombres, ni viceversa, pero los gustos personales pesan bastante más a la hora de elegir un juguete si no hay presiones sociales por el medio. No se trata de impedir que los varones jueguen con coches y balones y las chicas con cocinitas y muñecas. Se trata de poner todos esos juguetes al alcance de los niños, que ellos ya decidirán lo que sea acorde con su personalidad y su gusto. Yo soy una de esas crías que al parecer se gestan entre elevados niveles de testosterona y que siempre han disfrutado tanto cocinando y haciendo punto como haciendo agujeros en la pared con la taladradora. Y hubiera agradecido mucho que me hubieran regalado el juego de bricolaje también los Reyes Magos…

Yo al menos veo mucha más diferencia entre mis hijos como personas que diferenciando los sexos (tengo chico y chica en casa). Y como tal, hace mucho tiempo que me rijo por el diagrama de abajo a la hora de elegir juguetes para mis hijos. Si es adecuado para su edad, para sus gustos y para nuestro presupuesto, es un buen juguete.

Juguetes_nosexistas

Felices Reyes “Majos” a todos.