Compite solamente contigo mism@

Hoy he sido capaz de correr siete kilómetros. Seguramente no lo he hecho a una velocidad de vértigo y he llegado al final de mi entrenamiento echando el hígado por la boca. Me da exactamente igual. Porque si me lo hubieran contado hace apenas dos años, me hubiera muerto de la risa y no únicamente por la idea de que yo podía aguantar más tiempo corriendo del que se tarda en perder un autobús mientras le ves escaparse en la distancia.

13_La carrera nocturna

En este tiempo, aparte de hacer algo de forma física, he aprendido gracias a la depresión a que no todo lo tengo que hacer para ganar o para ser la mejor. Puedo invertir mis horas libres y mis energías también en hacer cosas en las que nunca despuntaré, iré poco a poco e incluso es posible que me estanque. Da igual, ya no quiero ser perfecta. Quiero sencillamente pasarlo bien.

El secreto es que cuando intento ser mejor ya no estoy compitiendo con nadie más, estoy compitiendo conmigo misma. Y desde que intento no compararme con los demás, lo cierto es que mi vida ha mejorado mucho. Os dejo un enlace a una charla TED de una psicóloga sobre el tema. Creo que merece la pena verla:

¿De verdad que esto no es poesía?

Esta la pongo, a propósito, sin música:

“The Times They Are A-Changin'”

Come gather ’round people
Wherever you roam
And admit that the waters
Around you have grown
And accept it that soon
You’ll be drenched to the bone
If your time to you
Is worth savin’
Then you better start swimmin’
Or you’ll sink like a stone
For the times they are a-changin’.Come writers and critics
Who prophesize with your pen
And keep your eyes wide
The chance won’t come again
And don’t speak too soon
For the wheel’s still in spin
And there’s no tellin’ who
That it’s namin’
For the loser now
Will be later to win
For the times they are a-changin’.

Come senators, congressmen
Please heed the call
Don’t stand in the doorway
Don’t block up the hall
For he that gets hurt
Will be he who has stalled
There’s a battle outside
And it is ragin’
It’ll soon shake your windows
And rattle your walls
For the times they are a-changin’.

Come mothers and fathers
Throughout the land
And don’t criticize
What you can’t understand
Your sons and your daughters
Are beyond your command
Your old road is
Rapidly agin’
Please get out of the new one
If you can’t lend your hand
For the times they are a-changin’.

The line it is drawn
The curse it is cast
The slow one now
Will later be fast
As the present now
Will later be past
The order is
Rapidly fadin’
And the first one now
Will later be last
For the times they are a-changin’.

Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016

La falacia extranjero = incapaz

Hoy me he despertado en el periódico con un tipo de noticia que me pone casi siempre en modo “déjà vu”. Para simplificar, una azafata pregunta por un médico en un avión en USA y cuando una chica jovencita y negra levanta la mano, le pide explicaciones sobre si es médico en realidad. Cuando se aproxima un señor de mediana edad que dice serlo, se le acepta sin más explicaciones.

Empecemos por puntualizar que cuando me pongo a hablar sobre el tema de la discriminación por cuestión de raza siempre siento una pequeña punzada de ambigüedad, porque tengo la gran suerte de ser clarita de piel y de no dar demasiado el cante en el país en el que he emigrado (salvo en Japón, pero Japón es otra historia… son una cultura en la que lo que reina es el respeto, al menos cara a cara). Eso hace que en mi vida diaria, no haya sido objeto de este tipo de agresiones flagrantes a primera vista. Pero llevo casi veinte años de emigrada y que soy extranjera se me ha notado en cuanto he abierto la boca en todos los países en los que he vivido. Y hay desgraciadamente otro tipo de discriminación que sí que he visto de cerca muchas veces y sí que me ha tocado enfrentar en primera persona. Yo la llamo el binomio “extranjero = incapaz”. Es lo que ocurre cuando según abres la boca, determinado tipo de persona ya te ha clasificado en una serie de estereotipos simplemente porque no eres oriundo del país. Y siempre me da cosa hablar de ello, porque no deja de ser dentro de las discriminaciones una discriminación casi de segunda, parece que no tiene tanta importancia como la que tienen que sufrir los que de verdad son acosados por su color de piel, por su religión o por su etnia… pero por otra parte creo que es necesario hablar de ello, porque es la cara sutil de ese algo más profundo. Algo así como los micromachismos son al machismo puro y duro que no se esconde… Voy a contar un par de ejemplos inocentes de los prejuicios a los que yo me he enfrentado directamente:

 

  1. Soy extranjera: ni sorda, ni idiota -> éste tipo de actuación es realmente común. Vamos, que no me ha pasado ni una, ni dos veces. Y no la he visto aplicada sólo a mi persona. Consiste poco más o menos en que cuando no entiendes lo que te están diciendo, la persona enfrente de tí empieza a levantar la voz o a hablarte como si fueras retrasado mental. Repitiendo exactamente las mismas palabras que no has entendido la primera vez porque no las conoces. Y no precisamente con paciencia sino de forma grosera o condescendiente. De verdad, nuestro oído es perfecto. Se consigue mucho más en la comunicación si uno intenta explicar el concepto de otra manera. Sin más.
  2. No me gusta el flamenco, ni tengo un restaurante -> mira, se me había olvidado que la primera vez que tuve contacto con este tipo de micro-prejuicios fue antes incluso de que ni siquiera se me hubiera pasado la idea de emigrar por la cabeza. Me pasó cuando mis padres me mandaron la primera vez a Gran Bretaña a estudiar inglés y la señora de la casa en que vivía se mostró muy asombrada de que siendo española no tuviera intención de ser bailaora de flamenco profesional, sino la osadía de querer estudiar astrofísica. La he rebautizado como el prejuicio folclórico y por desgracia nos lo seguimos encontrando todavía de vez en vez (aunque cada vez menos, con la cantidad de profesionales que han tenido que emigrar en los últimos años). La forma más común es cuando dices que eres español y vives en Alemania y te preguntan a continuación que en qué restaurante cocinas…
  3. Sí, estoy tan cualificada como tú (o más) a pesar de que no ser nativa -> esta discriminación no sé si achacarla más al clasismo o al racismo puro y duro. Y es la que le ha ocurrido a la muchacha de la noticia del periódico. Se da únicamente cuando me enfrento a una situación en que estoy frente a una persona que tiene una supuesta autoridad menor (un médico, un funcionario o una auxiliar de vuelo en un avión) que me está tratando con total condescendencia hasta el momento en que sale a relucir por casualidad que soy doctor (aunque como dice Supergüeli, no de los que curan). Como por arte de magia, de repente el trato es otro. Y da mucha rabia, la verdad. Porque se supone que simplemente por ser persona, ya me debían ese trato y ese respeto.
  4. Yo puedo ser “extranjera”, pero los Supernenes, no -> por mucho que tengan un nombre muy raro, un apellido más raro todavía y no sean hermosos y rubios como la cerveza, mis hijos se han criado aquí desde su más tierna infancia. Hablan el idioma mejor que alguno de los nativos incluso, porque sus padres nos partimos los cuernos para que tengan una educación lo más completita posible. El peor caso de este tipo que me tocó vivir fue protagonizado por mi jefe de tesis, que sería un señor académicamente inteligentísimo, pero también un soberano imbecil. En una conferencia se acercó a un señor con rasgos orientales intentando explicarle que había una diferencia entre la palabra “grass” (hierba) y la palabra “glass” (cristal) (los japoneses tienen un único sonido para las dos letras “l” y “r” que está fonéticamente entre las dos). El presunto oriental contestó muy tranquilamente y en perfecto inglés que lo sabía porque era de Boston. Yo me quería morir de verguenza ajena, pero el cretino de mi ex-jefe continuó a lo suyo como si cualquier cosa

A la hora de la verdad, el mejor consejo que he escuchado al respecto es el de la canción de Sting, “An Englishman in New York”: “It takes a man to suffer ignorance and smile. Be yourself no matter what they say” (“Se necesita ser un hombre para sufrir la ignorancia y sonreír. Sé tú mismo sin importar lo que digan”). Bueno, sí, él es un hombre, pero la enseñanza es aplicable si eres mujer, oscurita y extranjera.

 

 

Poster hecho con Keep-calm-o-matic app

Poster hecho con Keep-calm-o-matic app