Nos mata la incultura científica, pero también la espiritual

Me voy a meter en camisa de once varas por ser día tres. Y también indico desde el principio que lo que voy a dar a continuación es una opinión basada en hechos, observaciones y vivencias propias que me han ido sucediendo. Estoy segura de que hay mucha investigación y muy buena al respecto del tema que voy a tratar, pero no tengo en estos momentos el tiempo y las ganas para ponerme a buscar y escribir algo más sesudo.

La cosa empieza cuando leí hace unos días la historia del chico que abandonó la terapia contra el cáncer por un curandero. Bueno, más que el artículo periodístico, con el que puedes estar más o menos de acuerdo pero que no deja de contar el dolor de una familia al perder a un hijo y los malos caminos por los que nos puede llevar la desesperación si no reflexionamos un poco con la cabeza fría sobre nuestras opciones. Hasta ahí pocas sorpresas. Pero en los comentarios, fue como encontrarme otra vez con las dos Españas desatadas.

A ver, que sí, que magufadas las justas. Que yo no creo ni en el poder curativo de la plegaria, ni en la homeopatía, ni en la acupuntura, ni en cualquier otra de las múltiples terapias “alternativas” que se anuncian por ahí. Soy pro-vacunas por completo. Reconozco que sí que le veo mérito a algunas terapias “borderline” como las mobilizaciones, meditación, relajación y masajitos. Y soy más amiga de la taza de infusión de manzanilla para el dolor de tripas o el caldo caliente para el catarro que de tirar de los remedios farmaceúticos. Pero es porque para este tipo de males menores está probado que el tiempo es la mejor medicina y los “remedios de la abuela” sirven para acompañar de manera amorosa ese paso del tiempo. En definitiva, soy completamente escéptica ante aquello que no se ha investigado y normalmente lo que se ha investigado no ha resistido el peso de la prueba el el tema de los llamados “remedios naturales”. Pero mucho me temo que no veo con el mismo estupor que alguno de mis colegas la ayuda espiritual que la gente decida usar para apoyar sus tratamientos, siempre y cuando eso no les lleve a dejar de lado el tratamiento convencional para una enfermedad que sabemos que no se cura de otro modo.

 

Tallerería_Verde02

No, no creo tampoco en la dieta de la alcachofa…

Porque creo que en el mundo occidental, de puro descreídos, nos hemos olvidado de la parte psicológica, de la parte espiritual del asunto. Y hace falta psicología, y mucha, cuando te enteras de que aproximadamente 30% de las dolencias de tipo crónico que existen no tienen una base física que las explique y se sospecha que pueden ser de origen somático. La necesitas para enfrentarte a una terapia que sabes que con bastante probabilidad te va a curar, pero que es larga, dolorosa y va a minar tu calidad de vida mientras dure. O también para afrontar el momento en que ese médico te dice que se ha terminado todas las posibles terapias a las que puedes acceder y sólo te queda el final. La medicina actual está tan concentrada en curar el cuerpo del paciente que se nos olvida que somos personas y que un buen médico tendría que intentar tratar al enfermo en su totalidad, con las circunstancias con las que viene a esa consulta y las limitaciones físicas y mentales con las que llega. Si eres de los que piensas que nunca en la vida has necesitado o vas a necesitar el efecto placebo para seguir adelante, pues enhorabuena. Pero me temo que la mayoría de los seres humanos tenemos una patena biológica que nos hace sentir (que ya no digo pensar, mi parte racional también me indica que el placebo tendría que ser completamente innecesario) de manera diferente.

Hace ya cuatro años me vi enfrentada a una larga temporada de estancias intermitentes en un hospital, de pruebas médicas tratando de confirmar o descartar diferentes posibilidades. Y creo que fue en aquellos momentos cuando llegué a la conclusión de que nos hacía falta mucha cultura de base sobre las reacciones humanas, mucha conversación y mucha capacidad de escucha, tanto a los médicos como a los pacientes. Creo que trabajar este punto en la medicina convencional acabaría de un plumazo con la mayor parte de esas terapias alternativas tipo charlatanería que circulan por ahí.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *