El emperador va desnudo

El Emperador va desnudo. Apenas nos atrevemos a susurrárnoslo los unos a los otros, a pesar de que como en el cuento de Hans Christian Andersen, es evidente. De cuando en cuando alguien levanta algo más la voz que los demás, pero casi todos seguimos en mitad del desfile, mirando al Emperador en paños menores y detectando que algo va terríblemente mal en todo el asunto pero sin atrevernos a levantar mucho la voz para no llamar la atención, para que no nos tomen por locos, o por tontos…

 

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Se agradece que Salvados haya dedicado una edición de su programa (#fashionvictims) a las sombras de la industria de la moda, invadida como todas por el lowcost. Como el mismo @jordievole ha indicado en su artículo posterior a la emisión en el periódico, la novedad no ha sido decir algo así en alto, sino decirlo en un programa que es ahora mismo prime time cuando se emite. Y lo inquietante es que les feliciten por haberlo conseguido.

Porque casi todos tenemos esa pequeña punzada en las entrañas que nos avisa de que la globalización nos la ha dado con queso. En nombre de ese nuevo Dios que es la competitividad absoluta y a toda costa estamos sacrificando miles de cosas a nivel social, de las que tarde o temprano vamos a arrepentirnos. De la responsabilidad personal de cada uno mejor no hablamos.

El tema no es nuevo, hace años que le venimos dando vueltas, que se escuchan los susurros del Emperador desnudo. Pero a la vez el desfile se hace más numeroso, los tentáculos que nos atrapan cerca de él son cada vez más fuertes y cada vez la opinión está más polarizada. Como en Omelas, lo único que nos queda a estas alturas es abandonarlo todo a medianoche de manera radical. Pero para los que tenemos lazos que nos atan aquí, para aquellos que no queremos dejas a nuestas familias, a nuestras personas queridas y lo que nos rodea a nuestras espaldas, toca acostumbrarse a vivir preguntándonos a nosotros mismos por qué no somos como los demás, los que son capaces de no plantearse ese lado oscuro de nuestra supuesta felicidad. O conseguir esa felicidad que nos falta de manera química, hay siempre una pastillita para todo.

Por eso mi agradecimiento de este jueves va a todo el equipo de @salvadostv, por atreverse a gritar que el emperador está desnudo. Y tal vez sumarme a la sugerencia que ya les han dado algunas personas, de seguir más allá del programa y plantear qué alternativas tenemos los que querríamos vivir en Omelas, pero en paz con nosotros mismos.

Por si alguno no lo ha leído, dejo el enlace al cuento de Úrsula K. Leguin “Los que se van de Omelas” aquí. Pero ya aviso de que es una de estas historias que hacen pupa al alma.

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