Cultura para adultos con niños

Que conste que con lo de cultura “para adultos” no me estoy refiriendo a nada subido de tono. Es simplemente una manera de enfocar todos los Y con lo primero que quiero comenzar es conque hay espectáculos culturales para adultos que de ninguna de las maneras pueden ser adaptables como plan familiar. Creo que después de la debacle de los Titiriteros en las Fiestas de Carnaval de Madrid sobra decir mucho más sobre el asunto:

Regla número uno: Si vas a ver algo con tus hijos, informaté primero de lo que vas a ver.

Esta regla es fácil y aplica tanto al contenido supuestamente infantil como a las cosas más serias. Estoy hasta los çççççç de que en España me digan que los niños están viendo “dibujitos” cuando lo que tienen puesto son “Los Simpson” o incluso alguna cosa peor. El Hentai también son “dibujitos” y si buscáis la palabreja en Google os queda más que claro que de infantil nada de nada.

Regla número dos: una exposición temprana, ayuda

Aunque digan los puristas que a un crío no se le ha perdido nada en un museo, si a los niños no se les cultiva la vena estética, no la desarrollarán fácilmente ellos solos. Entender y experimentar es parte de lo que crea la fascinación por un tema en concreto y para la mayoría de las personas el gusto es algo que se entrena. O como poco, es necesario haber sido expuesto a determinados estímulos para conocer que existen. Y si bien todo esto parece ser una apreciación subjetiva, lo que está claro es que los niños expuestos a una educación artística presentan ciertas ventajas cognitivas frente a los que únicamente ven a Belén Esteban o el Minecraft (¿de verdad constituye esto una sorpresa para algún padre?)

 

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Regla número tres: siempre adaptado a la edad (mental) del peque

Es imprescindible calcular para qué están preparados tus niños y para qué no. Da igual que a los hijos de tu amiga les encante por ejemplo ir a los talleres del Museo de Ciencias Naturales si tu hijo está en el preciso momento en que lo toca todo y puede protagonizar la famosa escena de película en que remueven la pata del esqueleto del dinosaurio y se viene abajo. Paciencia, todo llega. Y siempre hay actividades y representaciones a las cuáles sí que puedes apuntarte con tu hijo con sus características.

O puedes decidirte a una introducción en la intimidad absoluta de tu casa, donde si la cosa resulta un fracaso por lo menos es más fácil capearlo. Hpy en día hay miles de recursos visuales (vídeos de representaciones, guías virtuales por pinacotecas y museos, etc) que puedes usar para calibrar el interés o la falta de él por una actividad, antes de probarla a las bravas.

Regla número cuatro: adaptado también al gusto del niño, sin obligar salvo a probar

SB estuvo en el ballet con nosotros el fin de semana pasado. Tiene nueve años y opina que el ballet es una cosa “de chicas” (no os quiero decir yo lo que opino de la información que le dan en el colegio) y que es un aburrimiento. De todas maneras, le dijimos que nunca había probado a ver un ballet en vivo y en directo y que tenía que probarlo una vez. Porque hasta que no pruebas, no sabes seguro si va a gustarte. Lo cierto es que se aburrió como una ostra y no pienso afligirle al pobre otra vez más con algo que no le parece entretenido. Hay muchas más actividades que puede probar. La vida es corta, pero ancha.

 

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Regla número cinco: la preparación previa es fundamental (bueno, esta regla aplica también a SM en mi caso)

Probad a ver una película japonesa sin subtítulos alguna vez (experiencia totalmente real, los japos no ponen subtítulos en la tele, como es normal y yo viví unos meses en Japolandia). Aunque sea una obra maestra del mismísimo Kurosawa, os váis a aburrir de la peor manera. Bueno, pues lo mismo ocurre si te vas a ver una ópera, un ballet o un cuadro como el Gernika sin conocer el contexto y las razones de los personajes que están actuando, o del pintor. Hay una cierta experiencia estética placentera que te puede gustar más o menos, pero te estás perdiendo todo el meollo del asunto. Como indico, esta regla es también a veces imprescindible con alguno de los adultos de la partida.

Regla número seis: planifica recursos

Dibujos, gymkanas, mandalas, búsquedas del cuadro, concursos con la música… Los niños necesitan actividades para hacer la actividad más placentera y para fijar de una manera mejor aquello que han visto u escuchado. La buena noticia es que muchos museos, filarmónicas y teatros ya se han enterado y te ofrecen ellos mismos los recursos adecuados para la visita, incluídos recorridos especiales para niños u hojas con preguntas cuya información pueden obtener en las salas de la exposición. Busca y encontrarás. O en el peor de los casos, te lo puedes montar tú misma con un papel y un poco de imaginación.

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Regla número siete: lo bueno si breve…

Con una personita entre los dos y los catorce años no te puedes plantear pasarte media jornada en el museo, o tragarte una ópera de Wagner entera. El concepto a seguir es el “aquí te pillo, aquí te mato”. Si vas a ver un cuadro, céntrate solamente en ese cuadro. Después si ves que hay interés y ganas puedes alargar un poco la visita. Pero no cometas nunca el error de alargar más de la cuenta. Si de verdad tienes interés en visitar algo más de ese Museo con calma, procura organizar un AR (Adulto Responsable) que se ofrezca a quedarse con los niños en la cafetería o en alguno de los lugares habilitados mientras tú te das el gustazo. Para desvaríos musicales, elige la pieza más cortita y animada que puedas. Olvida la música dodecafónica. Si es menester que la aprecien en algún momento de sus vidas, ya habrá tiempo para ello después de la infancia.

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