La vida como experiencia educativa

Llevo una temporada dándole vueltas a algo que me dijo mi psicólogo cuando le comenté que en mi relación con mi mando superior, me daba la impresión de que siempre se juntaba el hambre con las ganas de comer. Vamos, que yo soy muy exigente conmigo misma y encima los jefes suelen quererlo todo para ayer por la tarde y con filigranas a ser posible. Lo cuál me provoca estrés que a su vez es uno de los factores desencadenantes de la depresión en mi caso. Mi psicólogo que es un tío bastante espabilado enseguida le dió la vuelta a la tortilla y me recomendó que me tomara la cadena de mando, la empresa y los momentos malos como una experiencia educativa. “Tenlo claro” me dijo, “es el momento adecuado para poner en práctica todo lo que has aprendido en la terapia”. Y encima me dejó con la perla de que muy pocas personas tienen la oportunidad de practicar tan de primera mano lo que han aprendido como yo.

Porque reconozcamos que me meto en todos los jaleos posibles y alguno más y he tenido que aprender a decir que no sobre la marcha. A mí misma (no te metas en ningún fregado más, no te empeñes en sacar hoy la receta de la crema de zanahoria, no te metas en filigranas para el 52 S…) pero también en muchas ocasiones a los demás (no puedes estar en dos sitios al mismo tiempo así que si quieres desayunar con los niños en vacaciones no puedes trabajar nueve horas diarias). Que me hierve la sangre por dentro cuando alguien me trata como idiota (y a todos nos ocurre en ocasiones que confundimos “idiota” con “extranjero”. Te das perfecta cuenta de ello cuando empiezas a ser extranjero tú). Que hay gente que va por la vida avasallando a los demás y muchos de ellos han acabado en esa cadena de mando de la que hemos hablado antes porque en la época del pelotazo estaba bien visto tener esa actitud…

Me da igual. Como a Santa Teresa, tengo que conseguir que nada me turbe (con la desventaja de que soy atea y lo de que sólo Dios basta a mí me deja bastante indiferente).

Lio106_Lasonrisadeldiablo

Así que bienvenida sea la vida, bienvenidas las personas y los momentos desagradables que me tocan, en realidad tengo que empezar a verlos como lo que son: un campo de prácticas para esa mejor yo que llevo tiempo buscando.

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