La bendición del emigrante

Al final voy a hacer ahora una entrada entre jueves y viernes porque ayer que me tocaba agradecer, estaba demasiado ocupada pasándolo bien con un grupo de amigas. Y la voy a hacer agradeciendo que he sido y soy actualmente, una emigrante.

Vale: es duro tener que hacer las maletas y dejar tu vida atrás. Voy a disipar un tópico muy extendido. Nadie emigra por gusto. En el mejor de los casos tienes la suerte de haber podido elegir, haber visto el panorama que tenías y haber salido a buscar algo mejor desde una situación en la que tienes una red debajo por si te caes con todo el equipo. En el peor, hay una guerra, un problema político, algo amenaza tu vida en el lugar anterior y has tenido que salir por piernas…

 

Texasflight01

En cualquiera de los dos casos, emigrar te hace humilde. De repente tienes que adaptarte a un medio que no es el tuyo. No dominas el idioma, no sabes por donde te vienen las tortas. Tienes que volver a aprender y comprendes que en la vida, al final, lo que cuenta, lo único que te puedes llevar de un lado para otro, el único equipaje que viaja ligero son tus capacidades y tus conocimientos. Los emigrantes de segunda generación (es decir, los hijos de los que somos emigrantes) suelen ser empujados por sus padres más que la media para que estudien, para que se preparen, para que sepan que la vida que llevan es un privilegio. Y me parece estupendo haber asimilado ese tipo de actitud y estar transmitiendosela a mis hijos.