Videoplan: Documentales con niños

Cuando empecé con esta sección del blog, tenía pensado presentar alternativas a lo típico que se hace con niños. Más que nada, porque salvo honrosas excepciones como Pixar, las cosas que se hacen para críos muchas veces parecen juntadas por un zombie espástico en un mal día. Hoy voy a hablar de un género que no se asocia directamente con los pequeños. Cuando hablamos de niños y documentales, lo primero que se le viene a la mayoría a la cabeza son los animalitos.

 

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Disclaimer: amamos también los documentales de animalitos. Molan mucho. Es mucho mejor que ver los animales en un triste zoo…

 

Y los documentales de animalitos están muy bien, no me malinterpretéis que también me gustan y me parecen adecuados para ellos. Pero más allá del mundo de los tigres de Bengala, las ballenas enormes y los pingüinos de Madagascar, existe un mundo de documentales con contenido científico o social en el que quiero concentrarme hoy, dando una lista de los cinco mejores que han pasado por nuestra vida desde que somos padres:

Sinopsis:

Microcosmos:
Es el primero que vamos a tratar y para seguir siendo la llevacontraria que soy, pongo uno de animales. Pero lo pongo porque no es el “típico” documental de animales. Microcosmos se terminó en 1996 y fue un boom, llegando incluso a estrenarse en la gran pantalla. Nunca había visto nadie el mundo de los insectos desde tan cerca. Y es fascinante. La fotografía macro de este documental le valió muchos premios y puso el género de nuevo en el mercado. Microcosmos es el abuelo de otras películas tan interesantes como “Nómadas del viento” ó “Génesis”. Abstenerse las que no pueden ver de cerca un mosquito, gusano, babosa o insecto sin más, sin sentir nauseas. Yo es que siempre he sido muy asquerosa para este tipo de cosas.

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La historia del camello que llora:
Un documental muy interesante por la orientación que se le da a la historia, mitad documental, mitad cuento-leyenda. El realizador se basa en una leyenda local de su pueblo, en un remoto asentamiento de pastores, nace un camello singular, un camello albino. Pero su madre lo rechaza y la vida del pequeño está en peligro. Hasta que alguien menciona la posibilidad de derretir el corazón de la madre, haciéndole llorar… Y lo demás, entra dentro del terreno del spoiler, así que aquí lo dejo.

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Babies:
Este es sin duda uno de los favoritos de SG. La premisa es bien simple: sigamos la vida de cuatro bebés en su primer año de vida. Desde un pequeño nacido en una tribu seminómada en África hasta la hija de dos profesores de universidad en la muy industrializada EEUU. Aparte de que los pequeños son todos ellos monísimos y ya sólo por eso merecería la pena ver el documental, los contrastes entre las costumbres de los distintos grupos humanos, dan para un buen rato de charla con nuestros propios hijos. O son una buena excusa para hablar con ellos de cuando eran así de pequeños, por qué no…

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El camino a la escuela:
Y si hablamos de documentales con los que los peques pueden sentirse identificados, “El camino a la escuela” es uno de los mejores que he visto. La edad de los protagonistas y su increíble aventura a lo largo de kilómetros y kilómetros de camino les descubrieron a mis occidentales hijos los muchos privilegios de los que disfrutan sin darse cuenta. La historia está narrada de manera fresca y natural y los protagonistas y sus historias llegan al corazón. En especial, Samuel nos caló en el alma a toda la familia, no solamente por él, sino por el coraje y el entusiasmo de sus hermanitos a la hora de ayudarle a sobrepasar los obstáculos. Historias duras y sin embargo contadas con un entusiasmo y un optimismo que ayudan a afrontar los pequeños contratiempos de “primer mundo” que tenemos a veces en nuestras vidas y que a mí por lo menos me muestran que quizá el “tercer mundo” somos nosotros, a pesar del mucho PIB o las muchas riquezas materiales que hemos acumulado.

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Cosmos:
Y de infinito a infinito. Del cosmos más pequeño, al más grande. Vale, barro para casa. Este es de los documentales que más les ha costado a los Supernenes pero no puedo dejar de mencionarlo porque creo que una gran mayoría de los físicos nacidos en las décadas del 70-80 somos lo que somos porque este señor nos enseñó a soñar con un universo que había ahí fuera y al que era posible viajar con nuestra mente. Yo al final me quedé ligada a los materiales terrestres, pero este documental no ha perdido valor, vigencia, ni interés en los muchos años que han pasado desde su estreno. Y teniendo en cuenta que ahora estamos acostumbrados a un tute de efectos especiales de caernos de la silla, es mucho decir. Cosmos es un viaje de descubrimiento dentro del género humano, enmarcado en el Universo en el que vivimos. Si alguna vez la palabra “obra maestra” se escapa de mis labios en relación con la ciencia, creo que la diré relacionada con Carl Sagan, un señor del que recomiendo absolutamente todo lo que ha escrito porque no es solamente un gran científico, sino un gran humanista. Pero bueno, ya sabéis que le he tenido debilidad desde siempre.

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Comentario:

Mis hijos son como todos los niños normales. Me acuerdo que en otro blog hubo alguien que me preguntó si no se estaban volviendo raros con eso de que no tenían tele y no sabían quiénes eran los personajes que veían otros críos en sus casas. Bueno, pues al final es como el bilingüismo: de lo que saben los otros niños se enteran en la calle, y en casa sin embargo tienen la oportunidad de explorar y descubrir junto con nosotros mundos distintos. No me siento mal por darles esta oportunidad, igual que no me pienso sentir mal si pasan en el fondo de su alma de ella y deciden ser unos consumidores de mass media en un futuro (miento, me sentiré fatal, pero lo que no me voy a sentir es culpable por ello, es su decisión). El tema de los documentales aptos para la infancia nos ha servido para acercarles de una manera mucho más real al tipo de privilegios que tienen, al mundo y al universo en el que viven. Cuesta tener paciencia y en algunas ocasiones tener que parar el documental unas veinte veces para explicarles qué es lo que está ocurriendo, para razonarlo con ellos y ayudarles a que lo interioricen. Pero creo que merece la pena. Los dos tienen un espíritu crítico que asusta muchas veces y no sale de la nada. Creo que hay cosas que se beben del pecho de tus padres, como la leche materna, y el amor por este tipo de género, es también una de ellas.

Ensalada de lentejas

El verano es tiempo de ensaladitas. La verdad es que a estas alturas no apetece comerse un cocido completo, pero mi problema es que casi siempre las dos hojas de lechuga o rucola mal contadas no me llenan. La alternativa cuando comes productos animales es ponerle algo de atún, o jamón de York. Pero dada mi particular forma de vegetarianismo la única opción “corriente” posible es el queso. Pero eso es porque no le echamos imaginación a las ensaladas, y no echamos mano de nuestras tradicionales legumbres. La ensalada que nos ocupa tiene también un sabor especial cada vez que la preparo, porque la trajo a mi vida una persona que por desgracia no está en ella. Me gusta pensar que cada vez que la preparo y la como es una manera de recordarla, para mí el recuerdo es la mejor forma de inmortalidad.

Ensalada de lenteja y queso fresco

INGREDIENTES:

  • 200 g de lentejas cocidas
  • Pasta de curry rojo (en tiendas asiáticas)
  • Queso fresco consistente (puede ser feta o de cabra si no estáis intentando perder peso)
  • 3 tomates de ensalada
  • Pepino al gusto
  • Sal, pimienta molida

 

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Fresco, ligero y un poco picante: ideal para el veranito…

  Esta es otra de esas recetas tan fáciles que solamente necesitan un par de clarificaciones. La primera es la puntualización sobre el tiempo de cocción de las lentejas: para ensalada tienen que estar un poquito duras. Tipo la pasta al dente. Yo normalmente las pongo diez minutos nada más en la olla express y me basta. Pero este es un tema en el cuál el gusto de cada cuál es bastante importante, así que si no os parece bien el resultado tras los diez minutos, sentíos libres para experimentar con el tiempo de cocción.   Una vez cocidas y enfriadas las lentejas, se mezclan en una ensaladera con el tomate y el pepino cortados en daditos. Probablemente al ver los ingredientes habréis pensado que me he saltado el aceite, el vinagre o algún tipo de líquido para hacer el aliño. No es así: la ensalada toma el sabor de la mezcla del queso fresco y la pasta de curry. Y aquí viene el segundo punto que es fácil, pero con el que hay que tener cuidado con la consistencia.

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El queso tiene que quedar con consistencia como de migas.

 

En mi caso he usado un queso fresco de cabra porque me gusta el sabor fuerte. Funciona igual de bien con un queso de la misma consistencia. El truco está en conseguir mezclarlo con la pasta de curry para que quede como migas. Se puede hacer con un tenedor, pero si se usa la Thermomix o cualquier otro robot de cocina, hay que ir mezclando con mucho cuidado, a pequeños toques en velocidad 4 de 1-2 segundos como máximo, hasta conseguir la consistencia que se ve en la foto.

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Emplatada y lista para comer…

La ensalada está lista: se mezclan las migas de queso y a disfrutar.

La semana de mama: Paris, entrevista, vacaciones y nueva madre

SB: Han pasado un montón de cosas en la última semana.

SG: A mamá no le hemos visto practicamente el pelo la semana pasada…

SB: Estuvo en Francia, que es un país que está al lado del Alemania y tiene Eurodisney… nosotros también hemos estado allí.

SG: Pero mamá no ha ido a divertirse, ha ido a trabajar.

SB: Sí, es cierto que está trabajando bastante pero dice que es el último esfuercillo antes de vacaciones.

SG: Pero vaya esfuercillo: viaje, entrevista de trabajo, cerrar proyectos con los clientes…

SB: En las últimas semanas no paramos quietos.

SG: Y encima está cambiando de vida: deporte, meditación…

SB: Hay que ver lo que estresa llevar una vida sana.

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Olemos a playa ya…

SG: Pero vamos, dice que aquello que consigues hacer durante más de 21 días se convierte en una rutina y eso es en lo que va a ocuparse este verano.

SB: Y en escribir para nosotros.

SG: Y para eso ha dicho que no vamos a tener acceso ni a Whassapp, ni a Tweeter, ni a Facebook, ni a nada de nada.

SB: Solamente sol, playa y procesador de textos.

SG: Así que dice mamá que lo que se quede programado y lo que podamos hacer en los días en que tenemos conexión en casa de los abuelos, se publicará, pero probablemente hacemos una pausa en nuestras aventuras por unas semanas.

SB: Porque nosotros también tenemos derecho a vacaciones.

SG: Bueno, tú tienes que hacer también algunos ejercicios pero dicen los padres que es porque en el curso no has hecho demasiado…

SB: Sí que he hecho jolines, es solamente que es tan difícil concentrarse…

SG: Pues eso, contigo trabajaremos la concentración y yo les he pedido que me compren cuadernos de ejercicios a mí también porque me gusta.

SB: Jo, sólo quieres destacar…

SG: Ya lo has oído, diez minutos cada día estos 21 días y hacemos de ello una rutina… ¡Feliz verano a todos!

SB: Yupiiiiiii

Malta, inglés y playa en un mismo paquete

En realidad a muchos españoles les parece que los destinos playeros son ideales para el verano. A mí, que desde que me mudé al extranjero me da por todo lo contrario: en verano, si no fuera por los compromisos familiares, no pisaba la playa ni loca. Así que lo que solemos hacer es aprovechar las vacaciones escolares de otoño para visitar destinos en los que todavía sea posible tener jornadas playeras. Dada la inestabilidad del norte de África en estos momentos, nos quedan las islas Mediterráneas o las Canarias, que en la época que nos ocupa tienen un clima bastante ideal (sobre todo si vienes de una temperatura media de Europa Norte).

Hoy vamos a hablar de Malta, que es un lugar que tiene el valor añadido de que se habla inglés. Para los Supernenes, el poder practicar su “lengua más débil”. Dejo para otra ocasión la isla de Gozo, que me pareció un lugar muy bonito y que merece una entrada aparte.

 

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¿Dónde alojarse?:

No sé si a vosotros os ocurre, pero cuando os vais a visitar un lugar desconocido y estáis buscando alojamiento, una de las informaciones que casi siempre no se puede sacar a primera vista es cuáles son las zonas más tranquilas para ir en familia. Malta no es muy grande y además tiene una red bastante buena de transportes públicos, por lo que no es preciso desplazarse en coche. Después de darle un vistazo general al mapa de la isla, nosotros dividimos las posibilidades a grandes rasgos en cinco, y entre ellas decidimos:

 

  • Bahía de San Pablo (San Pawl il-Baħar): Situada en el este de la isla, es un lugar ideal para ir con niños y por el que al final nos decantamos (teníamos claro que queríamos un complejo hotelero en que nos dieran todo hecho). A pesar de que la zona ha sufrido un boom tourístico en las últimas décadas y ya no es la idílica zona de pescadores que era, sigue siendo algo más tranquilo que la parte central y tiene acceso más directo a la costa y a una playa que aunque no sea de arena, es lo que estábamos buscando.

 

  • San Gillian: Más cerca de la Valleta que la bahía de San Pablo y también bastante frecuentada y tiene un cupo grande tanto de grandes hoteles como de apartamentos. Presenta algo más de vida nocturna que la opción anterior, algo a tener en cuenta si vamos con adolescentes (para evitarlo… o no).

 

  • Sliema/La Valeta: Por supuesto la zona de la capital y los alrededores es también un destino turístico a tener en cuenta si la cercanía del mar no entra en la ecuación. Nosotros es que somos de los que abrimos y cerramos la playa cuando vamos a ella. Muy urbano.

 

  • Bahía de Marsaxlokk: En la zona de más al sur de la isla, cerca del pueblo en el que se realiza el mercado de abastos más popular de la isla. Es un lugar tranquilo y no tan densamente poblado como las zonas más al norte de la isla.

 

  • Interior: Si eres de los que no les gustan las multitudes y no te importa desplazarte en coche, existe la posibilidad de alquilar una casa con piscina en el interior. Los precios suelen ser más ajustados que en la costa, o mejor dicho, la relación calidad-precio del alojamiento es mayor.

 

 

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Amanecer desde la bahía de Buggibba

 

 

Malta para Superniños:

  • Acuario y Paseo Marítimo en Qawra: El Acuario de Malta es uno de los orgullos de la zona. Construido hace relativamente pocos años, la arquitectura del edificio es monumental. Pero si vienes de una ciudad mediana o grande, o has estado en centros grandes como el Oceanográfico de Lisboa, o el de Valencia, la verdad es que el tamaño de la instalación es bastante modesto. Nosotros no llegamos a entrar, porque los niños fueron abducidos por el parque que hay al lado y creo que si la climatología es buena, es una decisión adecuada limitar la visita a la parte externa del recinto.

SW_Sticker_SB_Malta Porque esa es sin duda la joya de la corona para los niños: un enorme parque al lado del Acuario perfectamente integrado en el conjunto porque simula un acantilado de peces tropical. No falta el querido Nemo, cuya presencia ya es ley en todas las atracciones marítimas del mundo occidental.

Un truco para los padres: desde el centro de Buggibba hasta la explanada del Acuario se extiende un paseo Marítimo de aproximadamente un par de kilómetros. En él, espaciadas a escala se encuentran los modelos de todos los planetas del sistema solar: un planetario perfectamente planeado que lo entiendan los más pequeños.

Muy cerca del Acuario y el Museo Marítimo está también el Museo del Coche Clásico. También de tamaño reducido, pero interesante, puede ser una posibilidad para pasar media hora si el tiempo no acompaña en algún momento.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Un parque infantil ideal para los peques. Al lado, la cafetería del Acuario con terraza al aire libre. Tardes de diversión garantizada para niños y sus adultos acompañantes…

 

  • Paseo en barco alrededor de la isla (con parada en la Laguna Azul): Los paseos en barco se anuncian y se pueden comprar en el paseo Marítimo por las noches. Un grupo grande de expats se ganan la vida vendiendo los billetes y dependiendo de la labia del que negocie, puede que caiga algún descuento .

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Los barcos salen de todos los puertos turísticos y es una bonita excursión de día. Y una de las formas más económicas de visitar la conocida “Laguna Azul”, un lago natural al que solamente se puede acceder con una embarcación. Una especie de mar menor reducido, ideal para practicar snorkeling (buceo sin botella) y para dejar a los críos algo mayorcitos un poco sueltos porque no cubre y no hay corrientes. Se supone que es una maravilla de la naturaleza cuando no hay una manada entera de turistas poniendo pie en ella todos a la vez (y eso que nosotros estábamos yendo fuera de temporada: no quiero ni imaginarme lo que tiene que ser aquello en pleno verano). Ironías aparte, sí que es una zona natural preciosa y creo que los que habían llegado hasta allí en barcos privados la estaban disfrutando en bastante paz y tranquilidad lejos de donde nos desembarcaron a todos los borregos otros turistas. Pero hasta que no sea millonaria y no me pueda sacar el título de patrón de yates, pues no hay nada que hacer.

El crucero es interesante puesto que te llevan a ver las zonas de la costa y las formaciones rocosas de las orillas, a veces acercándose demasiado para la seguridad del barco. Al atardecer, con la caída del sol, las fotos de la costa son espectaculares.

 

 

 

  • Popeye Village: Salvo que seáis unos fans empedernidos de Robin Williams o del personaje de comic amante de las espinacas, no recomiendo la visita al Popeye Village sin niños. Quitado esto de mi conciencia, Malta y Gozo son lugares muy fotogénicos y seguro que un par de fotos de este viaje, las reconocéis todos por éxitos internacionales como “Game of Thrones” o “Troya”. Pero ya en los 80 la isla había sido descubierta para estos menesteres y un muy joven Robin Williams rodaba Popeye en los mismos decorados que han dejado intactos para el parque. A favor: realizan actividades para los menores de la casa. En contra: la pedagogía de las personas que cubren los papeles principales (excepto Olive Oil) brillaba por su ausencia, llegando a esuchar como Brutus soltaba un par de tacos delante de los Supernenes…   
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Lo que se llega a hacer por los niños…

La isla no está preparada para hacer senderismo, pero con un buen mapa o buscando antes la ruta en google una opción bonita y posible es ir en autobús hasta la Torre Roja, en Mellieha y desde allí caminar cerca de una hora campo a través al Popeye Village. La torre, también conocida como “Torre de Santa Ágata” sí que es una torre templaria de verdad, en la que tratan a los peques muy amablemente. Se puede comprar un test para que lo hagan ellos mismos y aprendan algo sobre los Caballeros del Temple aprovechando la visita. Y en el tejado hay cañones.

  • Golden Bay:  Esta sí que es una playa de arena fina, con baños y facilidades y relativamente no construida alrededor (solamente hay un par de hoteles). Se alcanza fácilmente con transporte público y es una excursión de día o de medio día interesante. Como plus, está rodeada de un parque natural precioso, por el que se puede caminar cuando baja un poco la solanera. Al lado (alcanzable también en un pequeño paseo a pie) está la playa de Tuffieha y su torre de piedra, que es también un punto extra a la hora de ir con los más pequeños de la casa.
  • El cambio de Guardia y el cañonazo de saludo en La Valleta: En Malta como en todos los lugares por donde ha pasado la cultura británica, queda un tremendo poso y sabor colonial que se puede entreveer sobre todo en los edificios militares. La guardia cambia regularmente delante del palacio del Gobernador con una pequeña marcha y si alguno está interesado en tradiciones militares, en el fuerte de San Elmo realizan una parada militar completa, pagando un precio de entrada. Lo típico es ver la ceremonia de saludo militar desde las almenas del puerto, que se puede presenciar desde la parte de arriba del jardín de modo gratuito. La tradición viene del tiempo en que Malta era un enclave militar en el Mediterráneo, y recibía a todos los barcos que entraban en su puerto enseñando todo su poder armamentístico, por si las moscas. Si lleváis niños muy peques o de oídos delicados, tapadles las orejas antes del gran final (que llega después de un rato de ceremonia militar marcial, justo a las 12:00 del mediodía).  

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Aparte por supuesto hay una infinidad de parques acuáticos, parques temáticos y otras actividades todavía más preparadas para turistas. Basta con pasarse por la consigna del hotel o por la oficina de Información turística para que te informen demasiado largo y tendido sobre ellos. Yo he entresacado las opciones más friki y menos mainstream que se me han ocurrido.

Malta para Superpadres:

      • Mercado en Marsaxlokk: Marsaxlokk es uno de los puertos pesqueros más importantes en Malta y uno de los mayores puntos de atraque de las tradicionales barcas maltesas. Los domingos además se realiza un mercado de abastos que no es para turistas, sino para los habitantes de la zona y donde se puede encontrar fruta, verdura, pescado y dulces malteses tradicionales, aparte de puestos de artesanía local y baratijas, como en todos los mercadillos callejeros. Mejor ir en autobús aunque se tarde un poco más, sobre todo en día de mercado, porque el tema del aparcamiento está peor que en Japón.

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      • Monumentos megalíticos de Hagar Qim y Mndajar : El único de los puntos interesantes de nuestra lista que nos quedamos sin ver, fue alguno de los muchos monumentos megalíticos que hay en la isla. Existen signos de habitación en Malta desde la Edad de Piedra, probablemente un grupo reducido que alcanzó la isla en embarcaciones precarias desde Sicilia. Pero les dió para poblarla y dejar varios templos cuyas estructuras aún se conservan y son patrimonio de la Humanidad.

 

      • La Valletta: La capital de Malta es una ciudad colonial muy agradable para pasear. Bautizada en Honor de Jean de la Valette  Simplemente perderse en las calles, observar los edificios de diferentes épocas y las tiendas que, como en cualquier ciudad europea, pueblan las calles principales. La ciudad está preparada para soportar el calor sofocante que sufre en los meses de verano, encontrándose numerosos jardínes y fuentes en el camino. La arquitectura colonial está muy presente y llaman especialmente la atención las diferentes puertas, con sus tiradores de fantasía representando flora, fauna o personajes mitológicos (que también se pueden ver en Mdina). En la ciudad hay múltiples iglesias y basílicas dado que Malta es un país con una mayoría holgada de población católica. Nosotros decidimos visitar la Catedral de San Juan en representación de las demás, cosa que fue interesante incluso para los niños, por el tesoro que alberga y las referencias a los caballeros de la Orden de Malta. Otro edificio que se puede visitar con niños es el Hospital Templario, que si bien por fuera no llamaba la atención, está bien conservado interiormente y tiene bastantes piezas de la época de su gloria que se muestran en la visita. En nuestro caso, la guía valía su peso en oro e hizo la visita muy amena.

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También es posible visitar alguno de los montajes audiovisuales que ponen un poco de orden en la caótica y no siempre pacífica historia del lugar y que explican la llegada, los motivos y los medios de los que dispusieron diferentes pobladores de la isla. Situada donde está, está claro su valor geopolítico, a pesar de ser poco menos que una roca dura, sin muchos recursos naturales y con problemas de abastecimiento de agua. Hombres prehistóricos, fenicios, cartagineses, romanos, españoles y caballeros templarios… por la isla ha pasado de todo, hasta terminar como un punto estratégico durante la II Guerra Mundial.

 

      • Rabat y Mdina, la ciudad del Silencio: De los sitios que visitamos, sin lugar a dudas me quedo con Mdina. La ciudad medieval está conservada con mimo y habitada en su mayor parte. Se nota que el foco de riqueza de la zona no es precisamente el turismo. Aunque la ciudad vive recibiendo a turistas, los trata con una mezcla entre el respeto y el desdén. A pesar de ello, es un sitio bonito para perderse. Hay muchos bares, cafés y rincones ocultos donde hacer una pausa y disfrutar de una copa de vino o un pequeño refrigerio. Las vistas desde lo alto de la muralla dominan toda la zona central de la isla.

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 Y también en la ciudad de Rabat es una ciudad mucho más viva, mucho más local que las zonas costeras. En ella están las catacumbas, que se pueden visitar, y un museo de las cosas que se encontraron durante su excavación, que nos pareció de lo más original que se puede encontrar. A medio camino entre colección geológica, muestra kitsch y memento histórico, el sitio merece al menos una visita corta.

Veredicto:

No creo que nos volvamos a dejar caer por Malta, la mayoría de lo que tiene que ver ya lo disfrutamos y no tiene un ambiente como para justificar otra visita más a la isla, teniendo al lado un lugar mucho más tranquilo e igual de interesante como Gozo, o teniendo alternativas como las Baleares, las Canarias, Madeira o Chipre (por no quedarnos sólo en el campo local). Pero para pasar una semana en el Mediterráneo en un lugar diferente, la verdad es que Malta tiene un poquito de todo para cada miembro de la familia: cultura, playa, deporte, sol… Y la posibilidad de echar mano y practicar la lengua de Shakespeare a un precio mucho más asequible que un viaje a cualquier otro de los lugares en que viven nativos de la lengua.

Padres que no pueden soportar a sus hijos

Llega el verano y las vacaciones escolares. En España ya lleváis unas semanas disfrutándolas. A mí me quedan aún un par de ellas para tener a los dos Supernenes en casa. Y puede que sea una loca confesa, pero estoy muy contenta por ello. Contenta de que se acabe el curso, las presiones, de tener tiempo en casa para disfrutar con mis hijos, de poder irme a la playa con ellos… Juzgando por lo que se lee en la blogosfera, soy una rara avis. Las madres y padres que nos alegramos de las vacaciones, somos los menos.

 

Verano chiste Faro

El chiste me ha llegado circulando por la red, pero la fuente original de la ilustración es www.e-faro.info

 

Ha sido una amiga mía, maestra y blogger también, la que comentaba el otro día con nosotros cómo le pone nerviosa por estas fechas la cantidad de padres que ya no es que parezcan desbordados por las vacaciones que se acercan, sino que se quejan de tener que convivir con sus hijos durante más de dos días seguidos. La primera situación dentro de lo que cabe, es normal, si resulta que tienes niños pequeños y una jornada laboral completa y no tienes donde dejarlos en esos momentos: soy madre trabajadora y he vivido esa tesitura, sé el dolor de cabeza que cuesta organizar un verano para que tus hijos estén bien atendidos y cuidados… no, no es a esto a lo que me refiero. Os puedo asegurar que te pasa incluso teniendo un sistema muy eficaz de cuidado fuera de las horas de escuela como el que tienen en Sajonia, o críos algo más grandes como son los míos en este momento.

Tampoco me estoy refiriendo a los momentos chiste o de desazón que tenemos todas (estoy pensando en el Club de las Malas Madres, que es el último lugar donde he leído lamentos variados y en masa por las vacaciones y mira, justamente cuando voy a poner el enlace me doy cuenta de que hace poco han hablado de un tema parecido). Todas tenemos esos cinco minutos secretos en el día en que nos arrepentimos mogollón de haber sido madres y ese momento en que damos gracias a quien nos corresponda en la lista de creencias porque no hay una lámpara de Aladino con tres deseos (ya que habríamos usado uno para borrar a nuestros retoños del mapa). Todas necesitamos una hora o dos de olvidarnos de que somos madres y nos la merecemos de cuando en cuando. No, la frustración es humana y normal, los niños son niños y hay ratitos en que les mandaríamos solos al fresco. La buena noticia es que según van siendo más mayores, ¡es posible hacerlo! Y creedme que eso facilita mucho la paz y la armonía familiar (pero ese es otro tema en el que no voy a meterme ahora).

No, estoy hablando de algo más profundo, de gente que parece haber tenido hijos porque “tocaba” y se dedica a ir dejándolos aparcados según corresponda la temporada: en invierno en clase, en verano en la animación del hotel. En las últimas vacaciones en Mallorca, viví como dos señoras delante de mí le decían literalmente a la de la recepción que les “habían arruinado las vacaciones” porque la animación infantil cerraba una hora al día para comer. Cuando me tocó el turno y comenté con la muchacha que me parecía una exageración, me confesó que era muy frecuente, demasiado frecuente en los últimos años. Lo cuál choca más porque estamos en una época en que tener hijos tendría que ser una actividad completamente voluntaria…

Como madre, intento no juzgar las circunstancias de los demás porque ya tengo bastante con las mías propias. Intento pensar que esta gente tiene poco tiempo para estar con sus parejas en sus vidas normales, no sé, intento buscar explicaciones lógicas para que alguien pueda considerar su vida arruinada por tener que pasar una o dos horas al día con sus hijos en vacaciones. Pero rodeada como estoy por amistades que ejercen como maestras, educadoras infantiles y profesor@s de instituto, sé que hay muchos casos en que no ocurre así. En que sencillamente cada hora de menos pasada con sus hijos es una hora ganada al día. Y si me meto en ello y me preocupa es porque por mucho que hablemos de las horas de “calidad” pasadas con nuestros retoños, realmente la mejor educación que les podemos dar es la basada en el ejemplo y en el cariño. Para eso, se necesita contacto con ellos. Contacto cuando estás tú también en lo mejor. Dejamos el cuidado de nuestros hijos en manos ajenas y luego nos asombramos cuando hay unos adolescentes delante de nosotros, a los que no reconocemos y de los que no sabemos absolutamente nada.

Para mí, tener a mis hijos cerca en verano, cuando no estamos presionados por un horario que nos constriñe y nos hace perder los nervios y la calma; cuando podemos permitirnos esa media hora más en la cama achuchándonos, o ese desayuno interminable viendo una película; cuando los días son largos y abrimos y cerramos las playas; cuando no tengo que decir que no a un helado o a un refresco porque se han pasado todo el día corriendo y jugando en lugar de estar atados a un pupitre, para mí estas cosas pertenecen a los mayores placeres y las mayores satisfacciones que puedo vivir. Lo hago sin sacrificio y me carga a mí también las pilas de cara al invierno en el que tengo que ser a veces también madre gruñona y desagradable. Desgraciadamente, también puedo empezar a dar fe de aquello de que la infancia es una época que se pasa demasiado pronto. Hay que aprovecharla mientras se puede porque vuelan cada vez más temprano.