Videoplan: La princesa prometida

Yo me las prometía muy felices, porque lo habíamos hecho todo bien: nos compramos y leímos el libro, que les encantó, hace unos años y llevábamos esperando tiempo a que la compraran en las bibliotecas municipales… Por eso cuando abrieron el acceso a “La Princesa Prometida” en Netflix, el bueno de SM y yo estábamos encantados y casi empezamos a preparar las palomitas en el mismo momento en que la vimos pasar.

No voy a hacer una crítica de cine porque en su día un blogero de lujo ya la hizo mucho mejor de lo que lo podría hacer yo nunca. Mi interés con esta sección de cine y palomitas es recopilar de qué manera reaccionan mis hijos ante películas que a nosotros nos encantaron y son grandes clásicos. Y dar mi opinión revisitada sobre qué películas se puede uno plantear ver con los niños modernos y cuáles eran quizá un poco bestias cuando nos las introdujeron a nosotros a tan tiernas edades…

Sinopsis:

Basada en el libro del mismo nombre (que tiene más o menos los mismos años que tengo yo y que los ha cumplido admirablemente) de William Goldman, “La Princesa Prometida” narra la historia de un abuelo que le lee un cuento a su nieto: la maravillosa historia de amor entre Buttercup y Wesley, que parece acabar cuando él parte a buscar a otras tierras y muere a manos de un famoso pirata. Buttercup es tan hermosa, que el mismo Príncipe de  la elije para ser su esposa, pero poco antes de la boda, un misterioso caballero negro la rescata de manos de unos soldados que tenían intención de matarla y … empieza la aventura.

 

Comentario:

Mi sentimiento por la película no ha cambiado ni un ápice en los veinte años que llevaba sin verla. Hay otros éxitos que me encantaron cuando tenía la edad de los Supernenes y con los que ahora mismo me sonrojo al pensar en que sufrí semejantes arrebatos infantiles y juveniles. Pero “Princess Bride” sigue siendo una buena película, con un plantel de actores muy sólido y que parte de la premisa de que es bastante fiel al libro, que ya está bien escrito de por sí. Vamos, que me sigue pareciendo buena hasta decir basta.

La de cal la aporta que no había contado con la baja tolerancia al tenebrismo que tienen los Supernenes: con el par de padres mataorcos y decapitazombies que tienen, la tolerancia que presentan los dos a cualquier punto de la película en que el protagonista pasa un mal rato, está en la escala de los números negativos. Vamos, que es imposible disfrutar realmente de una película de aventuras cuando cada uno de los dos está metido dentro de un ala y protestando para pedir que la paremos porque (literal) “es muy gruselig”. Que viene a significar que se están cagando de miedo.

En definitiva: la peli la terminamos Superman y yo solos, mientras los Supernenes supongo que estaban escondidos en el rincón más profundo de debajo de su cama que alcanzaron. Vale que esta desgracia me la he buscado yo misma, por no exponerlos desde la más tierna infancia a la violencia que pulula por la televisión (recordemos, no tenemos tele y mis hijos han visto Pocoyo hasta que escondí los discos porque ya no me parecía normal que a su edad vieran un programa en que el personaje principal no usaba frases completas con sujeto y predicado). Pero esperaba que se fueran haciendo un poco más de coraza con el tiempo y llegásemos al menos a poder ver historias con un poquito más de enjundia que las de Walt Disney (curiosamente, leer, sí que pueden leer este tipo de historias. Se ve que su imaginación visual hace la censura previa de las partes más gore).

 

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No siempre pueden ser princesas Disney, hijos míos…

 

Vamos, que el experimento ha empezado mal. Vamos a ver qué ocurre cuando intentemos con “La historia interminable”, que ya la vimos una primera vez y aunque la actitud fue parecida, al menos consiguieron terminarla. Quiero comprobar si a base de desensibilizarlos con éstas, llegamos a poder ver alguna vez la trilogía de la Guerra de las Galaxias en familia…

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