De vacunas y otras leches

Sé que me estoy metiendo en un jardín y que igual hacía mejor no hablando de estos temas porque además mis hijos ya están algo mayorcitos y podría hablar de política que es una cosa algo menos polémica. Pero el caso es que ni en Tweeter, ni en FB, me va a dar para explayarme sobre algunos de los comentarios leídos y escuchados sobre el caso de difteria que acaba de romper una racha de casi treinta años en España sin la enfermedad.

Empecemos por aclarar que yo para los médicos soy una mosca cojonera. No puedo evitarlo, nací así. Mi madre dice que la fase del “por qué”, en mi caso se solapó con las primeras palabras que dije. Y cuarenta y algún año después puedo confirmar que todavía no se me ha pasado. Si algo no me queda claro, pregunto. Si me ha quedado claro pero no lo suficiente, también pregunto. Es un procedimiento algo tedioso para el médico y para mí, pero que me ha librado, por ejemplo, de ser operada a boquete abierto (descubrí preguntando que existía la posibilidad de hacerlo por laparoscopia) y evitó que SG fuera vacunada seis veces contra la hepatitis B por culpa del desarreglo de calendarios entre los dos países en que la visitaba el pediatra.

Con el tema de las vacunas no iba a ser diferente. Pregunté por activa y pasiva, me empollé las ventajas e inconvenientes de cada una de las vacunas que se me iban ofreciendo. Y salvo la de la varicela, que decidimos retrasarla después de hablar con la pediatra (porque seguramente la iban a ofrecer gratuita a finales del año en que los dos Supernenes la pasaron de forma natural), mis hijos están inmunizados contra todas las enfermedades de los dos calendarios que los cubrían*, menos contra su propia frescura (al que encuentre esta vacuna, le haremos rico). Tenía muy claro que los inconvenientes individuales de pasar por la vacunación son ínfimos en comparación conque a tu hijo le arreé una meningitis tremenda que se lo lleve al otro barrio. Y como ocurre en el caso del avión como medio de transporte y en el caso de los efectos secundarios con las vacunas, por mucho que haya de cuando en cuando alguno que se cae, lo importante es que siguen siendo el mejor método de transporte y el mejor método de protección si quieres seguir llevando una sana y larga vida. Y no solamente para tí. Hasta ahora los que no han vacunado, han ido disfrutando de la ventaja real que produce una mayoría vacunada de la población (busquesé en internet protección de grupo). Pero está por ver que pasa si una cantidad demasiado grande de personas decide no vacunar. Parece ser que el caso actual se ha dado en un crío al que sus padres no habían vacunado intencionadamente, pero podría también haberse dado perfectamente en uno en el que la vacunación no hubiera producido todavía la inmunidad completa, a un crío realmente alérgico a las vacunas o en un bebé tan pequeño que aún no se hubiera podido vacunar…  A mí al menos mi sentido de la responsabilidad social no me dejaría dormir por las noches sabiendo que he podido hacer algo sobre este tema y no lo he hecho (la carta de Roah Dahl que reproduce en su artículo mi querida MR es sobrecogedora y nos recuerda que hasta aquello que nos parece una enfermedad de niños, puede tener consecuencias espantosas).

Hasta ahí lo que pienso sobre las vacunas. Bueno, ahí va la sorpresa: he dado de mamar a los dos Supernenes hasta los tres años, más o menos. Y no paso (sin cabrearme) por leer ayer más de un comentario que equiparaban a las madres que hemos dado lactancia materna prolongada con las antivacunas. No paso por ello porque tanto vacunar como dar el pecho son actividades sobre las que hay suficientes estudios para avalar el beneficio a la salud pública que reportan. Eso es de todos conocido (también búsquese por Internet beneficios de la leche materna). Lo que no es tan conocido si no me habéis leído en el otro blog es que, al menos para mí, la lactancia fue un periódo estupendo, que de esclavitud nada de nada y que si uno tiene una baja maternal y unas ayudas y estructuras adecuadas tampoco te supone ningún parón radical en tu actividad, ni en tu ciclo vital. SM como hombre, no se ha sentido para nada desplazado de su paternidad por mis tetas. Es más, los Supernenes adoran a su padre, que tiene bastante menos mala leche que yo.

05-Momento ajuste

Tengo un par de tetas y una actitud… se usar las dos cosas de múltiples maneras.

Como feminista, que es algo que también soy aunque algunas que se dan mucho de ello de boquilla parece que no se lo crean, lo que quiero es que mis hijos en un futuro pueda elegir tan tranquilamente como lo elegí yo poder tener hijos o no tenerlos, poder darles el pecho o no (pero con un no convencido, no sencillamente porque alguien que no ha visto una lactancia de cerca en su puñetera vida les ha dicho que es muuuuy difícil y muuuuuy esclavo o porque no tengan la ayuda necesaria para establecer la lactancia, que no es lo mismo que tener una enfermera encima que no sabe cómo hacerlo y encima te está metiendo presión). Y que mis nietos nazcan en un entorno donde a ser posible muchas enfermedades estén completamente erradicadas porque todos hemos cumplido con nuestra parte personal de responsabilidad. No creo que sea pedir mucho. Respeto y responsabilidad, poco más.

 

* Sigo sin tener claro la utilidad de la vacuna de la gripe, salvo en casos por ejemplo como el de Supergüelo que está enfermo del corazón. Digamos que por eso no me considero anti-vacunas, simplemente en ese caso concreto, todavía no he decidido.

 

 

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