La semana de mama: Elbhangfest (sigue la juerga)

SB: Mamá dice que los alemanes se han ganado la fama de serios, pero que aquí de Mayo a las vacaciones esto es una fiesta contínua…

SG: Y no le falta razón, aquí en casa empieza el 1 de Mayo el día del Trabajo…

SB: … siempre me ha parecido muy gracioso eso de que sea el día del trabajo y todo el mundo esté de fiesta.

SG: Bueno, el caso es que empieza en Mayo y va hasta las vacacaciones. Entre medias tenemos Dixieland, BRN y se cierra la temporada con Elbhangfest.

SB: Es la fiesta callejera más grande de Europa, casi cinco kilómetros de orilla del Elba, en la zona urbana.

SG: Vallan el terreno y para entrar te dan una pulserita…

SB: Y los niños entramos gratis.

 

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Bueno, ya vamos por la 25 pero el modelo de pulserita no ha cambiado nada con los años.

 

 

SG: La fiesta es un derroche de color, de bebidas, de puestos callejeros.

SB: Son los propios vecinos los que la organizan y muchos de ellos montan un pequeño bar o café en su jardín.

SG: O venden cosas por la calle.

SB: Y también hay escenarios, artistas callejeros… no se puede dar dos pasos sin encontrar uno.

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Títeres, música, café… tanto profesional como amateur. Los vecinos de la zona se vuelcan y literalmente, sacan la casa a la calle.

 

SG: Y el punto álgido del fin de semana son las carreras de Drachenboot.

SB: Compiten equipos de las distintas empresas y es muy divertido ir a verles dar al remo por el río.

SG: ¡Y no olvides que papá compite desde hace un par de años!

SB: Quiero olvidarlo precisamente porque ayer no ganó… qué porquería…

SG: Bueno, no se puede ganar siempre.

SB: Pero es que la mayor parte de la carrera la iban ganando.

SG: No te preocupes, que el año que viene entrenará más y todo irá mejor.

SB: Eso espero, porque yo estoy haciendo lo mismo con mis deberes y no quiero perder el tiempo si no funciona…

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Dale a la pala papá, dale, que os adelantan…

 

 

SG: Ahora nos tendremos que conformar con los grills de los amigos hasta las vacaciones. Pero Mayo del año que viene vuelve pronto…

Videoplan: La princesa prometida

Yo me las prometía muy felices, porque lo habíamos hecho todo bien: nos compramos y leímos el libro, que les encantó, hace unos años y llevábamos esperando tiempo a que la compraran en las bibliotecas municipales… Por eso cuando abrieron el acceso a “La Princesa Prometida” en Netflix, el bueno de SM y yo estábamos encantados y casi empezamos a preparar las palomitas en el mismo momento en que la vimos pasar.

No voy a hacer una crítica de cine porque en su día un blogero de lujo ya la hizo mucho mejor de lo que lo podría hacer yo nunca. Mi interés con esta sección de cine y palomitas es recopilar de qué manera reaccionan mis hijos ante películas que a nosotros nos encantaron y son grandes clásicos. Y dar mi opinión revisitada sobre qué películas se puede uno plantear ver con los niños modernos y cuáles eran quizá un poco bestias cuando nos las introdujeron a nosotros a tan tiernas edades…

Sinopsis:

Basada en el libro del mismo nombre (que tiene más o menos los mismos años que tengo yo y que los ha cumplido admirablemente) de William Goldman, “La Princesa Prometida” narra la historia de un abuelo que le lee un cuento a su nieto: la maravillosa historia de amor entre Buttercup y Wesley, que parece acabar cuando él parte a buscar a otras tierras y muere a manos de un famoso pirata. Buttercup es tan hermosa, que el mismo Príncipe de  la elije para ser su esposa, pero poco antes de la boda, un misterioso caballero negro la rescata de manos de unos soldados que tenían intención de matarla y … empieza la aventura.

 

Comentario:

Mi sentimiento por la película no ha cambiado ni un ápice en los veinte años que llevaba sin verla. Hay otros éxitos que me encantaron cuando tenía la edad de los Supernenes y con los que ahora mismo me sonrojo al pensar en que sufrí semejantes arrebatos infantiles y juveniles. Pero “Princess Bride” sigue siendo una buena película, con un plantel de actores muy sólido y que parte de la premisa de que es bastante fiel al libro, que ya está bien escrito de por sí. Vamos, que me sigue pareciendo buena hasta decir basta.

La de cal la aporta que no había contado con la baja tolerancia al tenebrismo que tienen los Supernenes: con el par de padres mataorcos y decapitazombies que tienen, la tolerancia que presentan los dos a cualquier punto de la película en que el protagonista pasa un mal rato, está en la escala de los números negativos. Vamos, que es imposible disfrutar realmente de una película de aventuras cuando cada uno de los dos está metido dentro de un ala y protestando para pedir que la paremos porque (literal) “es muy gruselig”. Que viene a significar que se están cagando de miedo.

En definitiva: la peli la terminamos Superman y yo solos, mientras los Supernenes supongo que estaban escondidos en el rincón más profundo de debajo de su cama que alcanzaron. Vale que esta desgracia me la he buscado yo misma, por no exponerlos desde la más tierna infancia a la violencia que pulula por la televisión (recordemos, no tenemos tele y mis hijos han visto Pocoyo hasta que escondí los discos porque ya no me parecía normal que a su edad vieran un programa en que el personaje principal no usaba frases completas con sujeto y predicado). Pero esperaba que se fueran haciendo un poco más de coraza con el tiempo y llegásemos al menos a poder ver historias con un poquito más de enjundia que las de Walt Disney (curiosamente, leer, sí que pueden leer este tipo de historias. Se ve que su imaginación visual hace la censura previa de las partes más gore).

 

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No siempre pueden ser princesas Disney, hijos míos…

 

Vamos, que el experimento ha empezado mal. Vamos a ver qué ocurre cuando intentemos con “La historia interminable”, que ya la vimos una primera vez y aunque la actitud fue parecida, al menos consiguieron terminarla. Quiero comprobar si a base de desensibilizarlos con éstas, llegamos a poder ver alguna vez la trilogía de la Guerra de las Galaxias en familia…

Tiempo de helados

En lo más profundo, de la profunda Germania, una Superfamilia trata de resistir las semanas que faltan hasta el final del curso académico. Sé que hay mucha gente horrorizada porque se le echen las vacaciones de verano encima. Pero yo, con niños y todo, prefiero mil veces estar en vacaciones que durante el curso. Al menos en las vacaciones no tenemos que andar todos pendientes de la hora, de tener las cosas hechas a punto, de acostarnos a las ocho para dormir lo suficiente y de levantarnos entre mucha protesta a las seis de la mañana.

Y esta recta final está siendo desgraciada y desquiciante. El tiempo varía desde días como hoy, en que sin chaqueta nos helaríamos hasta otros días en que parece que estemos en mitad de Jaén y sin sombrilla. La única buena noticia es que las hierbas aromáticas con este tiempo sufren una especie de metamorfosis e invaden todo el jardín. Es el momento para cortar, embotellar y preparar diferentes mejunjes en los que se usan estas hierbas. Y por supuesto, es tiempo de helados.

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Menta para dar y tomar… sale rica de muchas maneras.

Hoy os traígo la receta de unos polos de fruta. El único ingrediente un poco fuera de lo común es el azúcar invertido y podéis sustituirla por azúcar normal o no poner nada. Pero recomiendo su uso. Lo que es el azúcar invertido lo podéis encontrar aquí. Hace tiempo que había escuchado hablar de ella, todo alabanzas, por sus usos en la cocina. Y por supuesto para hacer helados y masas es algo ideal, ya que dificulta la cristalización del agua y acelera el proceso de fermentación de la levadura. Yo la uso como siempre en cantidad testimonial, porque estamos acostumbrados al dulzor natural de las frutas, pero sí que pongo algo en los polos,porque salen con una textura más cremosa y apetecible. Además si tenéis niños pequeños y no tan pequeños en casa, la reacción química para producirla es interesantísima y sin ningún riesgo. Aquí podeís encontrar el método para hacerla en casa. Yo al menos no he usado agua mineral sino del grifo y además usé azúcar de caña semirefinada porque me gusta más el sabor. Salió un poquito turbia, pero salió. La próxima vez creo que experimentaré con panela y ya comentaré por aquí si la reacción funciona o no.

Polos de naranja y sandía con menta

INGREDIENTES:

  • Unos cien gramos de sandía
  • Dos naranjas peladas y sin pepitas
  • 25 g de azúcar invertido
  • Hojas de menta al gusto

Esta es una receta algo atípica porque combina una fruta de verano como la sandía con una típicamente de invierno. De alguna manera olvidamos un par de naranjas en el refrigerador y para darles salida en pleno abril fue lo único que se me ocurrió en aquel momento…

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La zona del corazón es la que menos pepitas tiene, pero también suele ser la que está más madura y más rica para comer sin azúcar ninguno…

Quitarle las pepitas a la sandía en la medida de lo posible. Yo le doy una vuelta en la Thermomix a velocidad media pero con giro a izquierda para no hacerlas puré y luego cuelo la pulpa licuada con un colador de malla ancha.

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Lo reconozco, llevaban dos meses en la nevera, pero mira, estaban ricas todavía y en mi casa no se tira nada que tenga buen aspecto. Soy una madre de antes de alguna guerra…

Preparar los moldes para polos y el espacio en que se va a colocar en el congelador (pensar antes de actuar te da mucha ventaja, como dice SM). Poner en la Thermomix (o en el vaso de la batidora) la sandía colada o sin pepitas, la naranja en trozos y unas cuántas hojas de menta bien lavadas. Reducir a puré finito (30 segundos a velocidad 5 bastan).

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Modo de preparación dificil: licuar todo sin muchas contemplaciones.

Añadir el azúcar invertido y mezclar unos segundos. Directamente llenar las poleras y al congelador. Si no tenéis polera, yo he probado diversos modelos y los que al final más me convencen son los que compré por dos duros en cierta marca de muebles sueca que me encanta (que no son por cierto los que salen en la foto) ;).

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Los polos son geniales para los críos y además los aceptan muy bien. Pero mientras que los de refrescos y los comprados son calorías completamente vacías, haciéndolos en casa tienes al menos la garantía de que van a comer algo de fruta.

Polos de fruta de verano

INGREDIENTES:

  • 250 gramos de fruta de verano (fresa, melocotón, cerezas… o cualquier mezcla de todo lo anterior, ya limpio y deshuesado)
  • 25 g de azúcar invertido
  • el zumo de media lima o limón
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Con ese aspecto que veís salió el azúcar invertida haciéndola a mi manera…

Si el anterior os pareció fácil, éste lo es más todavía. Preparar la heladera y el sitio para ponerla. Lavar, pelar, quitar huesos a la fruta. Id rociandola según esté pelada con el zumo de lima o limón para que no se oxide… Y todo a la batidora. Si tenéis Thermo, la Thermo va a dejar las pepitas de las fresas y frambuesas bastante pulverizadas, pero si no puede que os apetezca pasar el licuado por un colador de malla ancha.

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Poleras y en un par de horas de congelador, algo más dependiendo de las estrellas del aparato, están listos.

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Mamá a Minion le encanta el helado, ¿puedo tomar otro para él? (no es lindo, mi Superboy, ni nada…).

La semana de mamá: Recta final fin de curso

SB: ¡Tengo miedo de las notas!

SG: A ver si cambias el dial, porque llevas todo el fin de semana con lo mismo, y aún te quedan tres semanas para terminar la faena…

SB: ¡Tengo miedo de las notas!¡Tengo miedo de las notas!¡Tengo miedo de las notas!

SG: Que sí que nos hemos enterado. Todos, hasta mamá que no es muy perceptiva con el tema. Pero es que tienes que hacer algo al respecto con los exámenes…

SB: Mucho miedooooo…

SG: Lo que digo, ayuda que sepas si el exámen de matemáticas que tienes es el lunes o el miércoles… Ayuda también saber el temario que te entra…

SB: Pero si es que todo lo que enseñan en la escuela no sirve para nada y es aburrido…

SG: Lo del aburrimiento te lo concedo, pero vamos, para algo sí que supongo que sirve…

SB: Que no, que no…

SG: Mamá y papá siempre dicen que a ellos les ha servido.

SB: Sí, pero yo no quiero hacer el idiota en una oficina como ellos. Yo quiero hacer algo divertido, como, como… como ser cazador de malos y para eso no necesito saberme la tabla del cuatro…

SG: Los malos no existen, y al menos un poquito de sumas y restas sí que necesitarías para saber cuántos ibas matando.

SB: ¡Pues piloto Jedi! ¡O astronauta!

SG: Ufff, no, los astronautas necesitan saber muuuuchas mates. Tienen que calcular las trayectorias, la geometría, el espacio… todo eso.

SB: ¿Es que no hay nada en este mundo que no se pueda hacer sin estudiar?

SG: Lo que mamá dice siempre…

 

Picar piedra, hijos, picar piedra.

 

SG:… pero tampoco te gusta.

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Y para ésto, ¿también tengo que saber dividir con cifras?

SB: No hay salida…

SG: Venga consuélate, que nos quedan solamente unas semanas y luego vamos a la playa con los abuelos. Y aunque entre semana estén los exámenes, los fines de semana de verano molan mucho, siempre salimos y hacemos cosas guay…

SB: O hay fiestas…

SG: O barbacoas. Si tenemos seis barbacoas y en cada una de ellas nos tomamos seis salchichas, ¿cuántas salchichas nos vamos a comer los dos juntos en el mes de junio?

SB: No, por favor, no hagas como mamá, no me estropés las salchichas… que cada vez que como caramelos, me acuerdo del maldito exámen de matemáticas.

SG: Venga, que ya queda menos, el esfuercito final.

De vacunas y otras leches

Sé que me estoy metiendo en un jardín y que igual hacía mejor no hablando de estos temas porque además mis hijos ya están algo mayorcitos y podría hablar de política que es una cosa algo menos polémica. Pero el caso es que ni en Tweeter, ni en FB, me va a dar para explayarme sobre algunos de los comentarios leídos y escuchados sobre el caso de difteria que acaba de romper una racha de casi treinta años en España sin la enfermedad.

Empecemos por aclarar que yo para los médicos soy una mosca cojonera. No puedo evitarlo, nací así. Mi madre dice que la fase del “por qué”, en mi caso se solapó con las primeras palabras que dije. Y cuarenta y algún año después puedo confirmar que todavía no se me ha pasado. Si algo no me queda claro, pregunto. Si me ha quedado claro pero no lo suficiente, también pregunto. Es un procedimiento algo tedioso para el médico y para mí, pero que me ha librado, por ejemplo, de ser operada a boquete abierto (descubrí preguntando que existía la posibilidad de hacerlo por laparoscopia) y evitó que SG fuera vacunada seis veces contra la hepatitis B por culpa del desarreglo de calendarios entre los dos países en que la visitaba el pediatra.

Con el tema de las vacunas no iba a ser diferente. Pregunté por activa y pasiva, me empollé las ventajas e inconvenientes de cada una de las vacunas que se me iban ofreciendo. Y salvo la de la varicela, que decidimos retrasarla después de hablar con la pediatra (porque seguramente la iban a ofrecer gratuita a finales del año en que los dos Supernenes la pasaron de forma natural), mis hijos están inmunizados contra todas las enfermedades de los dos calendarios que los cubrían*, menos contra su propia frescura (al que encuentre esta vacuna, le haremos rico). Tenía muy claro que los inconvenientes individuales de pasar por la vacunación son ínfimos en comparación conque a tu hijo le arreé una meningitis tremenda que se lo lleve al otro barrio. Y como ocurre en el caso del avión como medio de transporte y en el caso de los efectos secundarios con las vacunas, por mucho que haya de cuando en cuando alguno que se cae, lo importante es que siguen siendo el mejor método de transporte y el mejor método de protección si quieres seguir llevando una sana y larga vida. Y no solamente para tí. Hasta ahora los que no han vacunado, han ido disfrutando de la ventaja real que produce una mayoría vacunada de la población (busquesé en internet protección de grupo). Pero está por ver que pasa si una cantidad demasiado grande de personas decide no vacunar. Parece ser que el caso actual se ha dado en un crío al que sus padres no habían vacunado intencionadamente, pero podría también haberse dado perfectamente en uno en el que la vacunación no hubiera producido todavía la inmunidad completa, a un crío realmente alérgico a las vacunas o en un bebé tan pequeño que aún no se hubiera podido vacunar…  A mí al menos mi sentido de la responsabilidad social no me dejaría dormir por las noches sabiendo que he podido hacer algo sobre este tema y no lo he hecho (la carta de Roah Dahl que reproduce en su artículo mi querida MR es sobrecogedora y nos recuerda que hasta aquello que nos parece una enfermedad de niños, puede tener consecuencias espantosas).

Hasta ahí lo que pienso sobre las vacunas. Bueno, ahí va la sorpresa: he dado de mamar a los dos Supernenes hasta los tres años, más o menos. Y no paso (sin cabrearme) por leer ayer más de un comentario que equiparaban a las madres que hemos dado lactancia materna prolongada con las antivacunas. No paso por ello porque tanto vacunar como dar el pecho son actividades sobre las que hay suficientes estudios para avalar el beneficio a la salud pública que reportan. Eso es de todos conocido (también búsquese por Internet beneficios de la leche materna). Lo que no es tan conocido si no me habéis leído en el otro blog es que, al menos para mí, la lactancia fue un periódo estupendo, que de esclavitud nada de nada y que si uno tiene una baja maternal y unas ayudas y estructuras adecuadas tampoco te supone ningún parón radical en tu actividad, ni en tu ciclo vital. SM como hombre, no se ha sentido para nada desplazado de su paternidad por mis tetas. Es más, los Supernenes adoran a su padre, que tiene bastante menos mala leche que yo.

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Tengo un par de tetas y una actitud… se usar las dos cosas de múltiples maneras.

Como feminista, que es algo que también soy aunque algunas que se dan mucho de ello de boquilla parece que no se lo crean, lo que quiero es que mis hijos en un futuro pueda elegir tan tranquilamente como lo elegí yo poder tener hijos o no tenerlos, poder darles el pecho o no (pero con un no convencido, no sencillamente porque alguien que no ha visto una lactancia de cerca en su puñetera vida les ha dicho que es muuuuy difícil y muuuuuy esclavo o porque no tengan la ayuda necesaria para establecer la lactancia, que no es lo mismo que tener una enfermera encima que no sabe cómo hacerlo y encima te está metiendo presión). Y que mis nietos nazcan en un entorno donde a ser posible muchas enfermedades estén completamente erradicadas porque todos hemos cumplido con nuestra parte personal de responsabilidad. No creo que sea pedir mucho. Respeto y responsabilidad, poco más.

 

* Sigo sin tener claro la utilidad de la vacuna de la gripe, salvo en casos por ejemplo como el de Supergüelo que está enfermo del corazón. Digamos que por eso no me considero anti-vacunas, simplemente en ese caso concreto, todavía no he decidido.