La semana de mama: Mamá necesita un respiro

SB: ¿Estás segura de que está dormida y no va a pillarnos?

SG: Que sí, pesado, que sí… Se ha ido a la cama después de tomarse un par de copas de vino con los vecinos, así que no creo que vayamos a saber de ella hasta mañana temprano.

SB: Pobrecita, es que le falta la costumbre.

SG: Déjala, es sano eso de que no tenga costumbre de beber.

SB: Además necesita un descanso.

SG: Sí, porque llevamos unas semanitas que no contamos nada porque no le vemos el pelo…

Hoteles

De hotel en hotel, sin pausa…

 

SB: Se pasa los días sin parar de cliente en cliente y la pobre tiene mala cara cuando vuelve a casa los fines de semana.

SG: Nos consolamos pensando que muy pronto va a empezar la semana reducida.

SB: Y entonces tendremos más tiempo para estar todos juntos.

SG: Y podremos ir a hoteles juntos, en lugar de estar ella siempre solita…

SB: A mí no me gusta ir a hoteles. Cuando salimos toca siempre hacer cosas aburridas como ver ciudades, o hacer marchas kilométricas…

SG: Sobrevivirás.

SB: No lo tengo muy claro. Mamá normalmente siempre tiene ciertas ideas en la cabeza que no sé, no sé…

SG: Va a ser genial, podemos escribir juntos a menudo…

SB: A mí escribir no me mola, pero a lo mejor puede montar LEGO conmigo…

SG: Bueno, creo que lo iremos solucionando poco a poco, lo que sé también es que quiere tener más tiempo para poner cosas en el blog.

SB: ¡Oh, no! Más excursiones, si yo lo que quiero es más tiempo para jugar al ordenador…

SG: Uf, no creo que nuestra madre vaya a estar de acuerdo con eso…

SB: Pero si en realidad necesita un descanso, nada mejor que dejarnos tiempo a nosotros solos, ¿no?… Con un poco de suerte pasa como hoy, al final vamos a pedirle por todos los lados exactamente lo mismo así que llegará agotada, se dormirá…

SG: … y tendremos de nuevo el ordenador para nosotros solos…

Seguimos orgullosos

Este lunes os traigo música y a Javier Fernández. Se publicitó mucho el programa largo con el que ha ganado el mundial pero tiene uno de los mejores programas cortos desde que llevo mirando patinaje (y ya son unos añitos). Y eso que tengo la impresión de que le puntuaron bastante por debajo de lo que clavó el programa.

Por cierto, este chico es admirable no sólo por haber ganado. Lucha, juega limpio, entrena con uno de sus mayores rivales y siempre tiene presente el ejemplo que es para los críos españoles. Si los Supernenes llegan a luchar la mitad que este muchacho, me doy por satisfecha en la vida.

Hablar por hablar

„Todo el mundo tiene derecho a tener su opinión” es una de las frases comodín que más odio en este mundo. Y me la tomo a mal no por el contenido, que al fin y al cabo es verdad que ese derecho existe, sino porque es la frase que todo el mundo usa en el contexto equivocado.

Pongamos un ejemplo: dos amigas se toman un helado en la terraza de un café. La una pide chocolate, la otra fresa. La una piensa que el chocolate es el sabor de helado por excelencia y que no puede ser superado por ningún otro sabor, su amiga opina lo mismo de la fresa. Cada uno tiene derecho a tener su propia opinión y santas pascuas…. Pero que ocurre si el tema de la conversación es si la tierra es plana o es redonda… Imaginad que la que cree en la tierra en forma de disco, después de escuchar un par de argumentos y razones que prueban lo que reconocemos como válido, corta en seco la conversación con la misma frase: “es que yo tengo derecho a tener mi opinión”. ¿Parece absurdo? Pues no lo es tanto. Si no lo creéis, os propongo un pequeño experimento. Intentad dejar caer un par de frases completamente neutras (ojo, es importante soltar la frase tal y como está escrita, no vale adornarla que entonces puede que deje de ser neutra) como estas dentro de cualquier conversación de vecinas que tengáis la semana que viene:

“La lactancia materna es la mejor alimentación para el desarrollo de un bebé”
“La genética es uno de los factores que determina la capacidad intelectual de las personas”

y luego me contáis qué tal ha ido el experimento.

Tenemos varios problemas entre manos en este tipo de discusiones. Así que he pensado que una pequeña guía sobre cómo tratar el tema de la opinión y sus ramificaciones, no estaba de más.

Nos hemos instalado en una especie de mediocridad en la cuál, por no herir sensibilidades ajenas, parece que no se le puede decir a alguien a la cara que lo que está comentando es una soberana tontería. Todo el mundo se siente en la necesidad de compartir lo que piensa sobre cualquier tema, sin pensar antes de compartirlo:
No es lo mismo una opinión, que los hechos.

Así de claro: sabemos que la tierra es redonda, que la creación no necesita de ningún diseño inteligente porque con la evolución basta y sobra para explicarla, que las explicaciones que menos hipótesis previas requieren suelen ser las más probables… vivimos en un mundo en que el método científico nos garantiza que las hipótesis e ideas que salen a la cancha van a ser probadas e interpretadas de distintas maneras y si no son capaces de adaptarse al peso de la prueba se les corta la cabeza sin piedad. ¿Qué hay errores, equivocaciones e incluso fraude? Seguro, pero prueba de que hemos mejorado es que nos hemos dado cuenta de que el pescado azul es bueno para el corazón en menos de treinta años mientras que la tierra siguió siendo el centro del Universo durante más de un milenio porque es muy difícil tumbar abajo una verdad revelada. Moraleja: reflexiona siempre si sobre lo que estás “opinando” no es en realidad un hecho probado.

Y sí, tener una opinión sobre algo es positivo, nos ayuda a orientarnos en un mundo cada vez más complicado. El problema es que ya no se nos inculca, ni se nos informa desde pequeños de que la opinión hay que cultivarla y formarla antes de lanzarla al viento:
No todas las opiniones son iguales, ni siquiera son igual de respetables.

En los foros de internet, yo normalmente alucino, porque todo quisque es experto en aviones, cocina, educación y política internacional. Y yo que no he parado de estudiar en toda mi vida y me leo “The Economist” de cabo a rabo siempre que lo pillo entre manos, me veo como muy lerda porque lo único a lo que llego es a sugerir que aunque de cuando en cuando los aviones se caigan en vuelo, el avión sigue siendo estadísticamente uno de los medios de transporte más seguros que existen. Y lo digo porque cuando me daba miedo volar, me empollé todas las estadísticas que había publicadas sobre el tema. A lo que íbamos, si estoy hablando de medicina, las opiniones de un médico siempre me producen más respeto que las de cualquier persona que no sepa distinguir el esternón de la tibia. Moraleja: si vas a repetir o apoyar una opinión, aseguraté de que la fuente que la emite es la adecuada. No todo lo que está escrito por Internet es válido.

Puede parecer por el punto anterior que soy una persona que le tiene un respeto absoluto a la jerarquía y resulta que normalmente suele ser todo lo contrario. Lo que yo respeto mucho es la experiencia y la capacidad de hacerse preguntas, no los títulos. Los físicos estamos muy acostumbrados a ver cómo la naturaleza se pasa la vida dándole cortes de manga a la Academia. Así que si las cosas que estás escuchando no te cuadran de alguna manera, sencillamente no te fíes:
Aunque la opinión sea de alguien que está informado sobre el tema, desconfía si no puede explicartelo con datos.

demin

Porque como he dicho antes, una de las prerrogativas de la ciencia es la capacidad que tiene de alimentar o hacer morir las premisas de las que parte. Ya lo dijo Deming hace ya algunos años: “Confiamos en Dios, pero todos los demás tienen que traer datos”. Y hasta que no me den más datos sobre los temas, me reservo mi opinión.