Juego de niños

Siempre que llegan estas fechas andamos liados con la llegada a las casas de los Reyes Magos (hago apología de los tres, porque a mí siempre me trajeron ellos las cosas, el gordo de la barba es como dice Supergüeli “un engendro extranjero”). En la Superfamilia lo cierto es que llegan un poco en plan esquizofrénico por aquello de que nosotros no nos encontramos en el país y vienen cuando pueden.

Y con los Reyes empieza generalmente el bombardeo de “me lo pido” y la discusión de si los juguetes son de chicos o de chicas. He tenido discusiones apasionadas sobre el tema a costa del catálogo de Toy Planet, con la lavadora automática que se pidió Supersobrino en el 2012 y durante toda la infancia de Superboy en su momento “pinchecha” (tenía una hermana mayor: durante el primer lustro de su vida se pirraba por ponerse faldas, pintarse las uñas, llenarse de collares y repetir que era Cenicienta).

Salvo el tema de las uñas, que sigue gustándole pintárselas un montón, lo demás ya no lo hace. La pena es que seguramente no será porque no le guste, sino porque la sociedad alrededor suyo le marca los estereotipos más normales relativos a su sexo. Aunque tampoco me parece tan malo. Soy la primera en insistir que los hombres y las mujeres somos biológicamente opuestos: durante miles de milenios de evolución nos hemos especializado en distintos papeles y es normal que ciertas cualidades y preferencias se hayan desarrollado en paralelo a esta especialización.

Y hasta ahí la parte biológica. Pero lo importante es que los humanos llevamos los mismos milenios evolucionando en otra característica, que nos hace humanos por encima de nuestro sexo, nuestra raza o nuestras características personales: la capacidad de adaptación. Y dado que somos los animales más adaptables que ha producido este planeta no me puedo creer que estémos tan condicionados por esas diferencias biológicas como parecen asumir algunos. Siempre uso el mismo ejemplo: SM mide metro noventa y yo no llego al metro setenta. Los dos somos perfectamente capaces de bajar los trastos del estante más alto de la cocina. Cada uno, eso sí, usa una técnica adecuada a su tamaño.

En definitiva, que sí, que las mujeres no somos hombres, ni viceversa, pero los gustos personales pesan bastante más a la hora de elegir un juguete si no hay presiones sociales por el medio. No se trata de impedir que los varones jueguen con coches y balones y las chicas con cocinitas y muñecas. Se trata de poner todos esos juguetes al alcance de los niños, que ellos ya decidirán lo que sea acorde con su personalidad y su gusto. Yo soy una de esas crías que al parecer se gestan entre elevados niveles de testosterona y que siempre han disfrutado tanto cocinando y haciendo punto como haciendo agujeros en la pared con la taladradora. Y hubiera agradecido mucho que me hubieran regalado el juego de bricolaje también los Reyes Magos…

Yo al menos veo mucha más diferencia entre mis hijos como personas que diferenciando los sexos (tengo chico y chica en casa). Y como tal, hace mucho tiempo que me rijo por el diagrama de abajo a la hora de elegir juguetes para mis hijos. Si es adecuado para su edad, para sus gustos y para nuestro presupuesto, es un buen juguete.

Juguetes_nosexistas

Felices Reyes “Majos” a todos.

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