Los empresarios y el maravilloso mundo de los champiñones

Pensaba contaros hoy que estoy pasando por una crisis. Pero como es algo en lo que llevo muchos meses y lo bueno que tienen las crisis es que tienden a durar tiempo y seguramente el mes que viene pueda hablaros de ello con la misma actualidad que hoy, he cambiado de tema. Porque crisis o no, hay cosas que me revuelven las tripas.

Vamos a dejarnos de chorradas. Mónica de Oriol se ha quedado corta. Todo el mundo sabe que para aumentar la productividad hasta límites sobrehumanos, lo mejor es la esclavitud. Vale que está demostrado que únicamente ocurre en trabajos mecánicos y repetitivos, que en aquellos puestos que requieren creatividad y capacidad de decisión, eso de la rutina y el látigo en la mano termina por desmoronar los cimientos. Pero para qué vamos a engañarnos, con el empresariado que tenemos en casa, no da la cosa para más. Mi madre decía que Dios le da mocos a quien no tiene pañuelo, cosa que dudo porque soy tan atea como Hawking. Pero lo que tengo por cierto es que el dinero cae muchas veces en manos de gente que no tiene ni idea de como menearlo (porque la señora Oriol no es rica porque se haya hecho a ella misma, entonces a lo mejor la tenía un poquito de respeto; es rica porque viene de familia rica y así también consigo ser yo empresaria de postín, oye). Así que lo tenemos claro. Tanto ella, como sus hijos (¡seis, ni más, ni menos!), supongo que son el fruto de una reproducción por esporas, como todos los champiñones que se sientan por ahí en las juntas directivas. Porque espero que esta señora no haya tenido la cara de tomarse ni una baja laboral por embarazo en ninguna de las seis ocasiones que ha podido ejercerla (sabéis que soy la primera que abogo porque exista una baja laboral larga durante los primeros años de la vida de un bebé… y sabéis también que soy de las que creo que se tendría que flexibilizar lo más posible las maneras de poder ejercer esa baja, incluido el reparto entre los dos conyuges si fuera menester).

 

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Foto de la última reunión del Círculo de Empresarios antes de dedicarse a la emisión de esporas y gilipuerteces…

Pero para mí el problema no es que esta señora piense que la reproducción por esporas es lo más cuqui del barrio. Todos los empresarios piensan igual. La diferencia está entre el grupo de los que piensan únicamente en la manera de maximizar su beneficio (los más cafres: esos para los que somos únicamente un “recurso humano” a putear, que no parecen tener en cuenta que habrá un futuro y que ese futuro a lo mejor depende del hijo de la que acaban de despedir por quedarse embarazada) y el grupo de lo que piensa en la manera de optimizarlo (los más inteligentes, esos que se dan cuenta que una mujer entre los veinticinco y cuarenta a lo mejor se les puede tomar unos meses de baja laboral, pero también tiene, demostrado estadísticamente, muchas menos bajas por enfermedad propia, mucha más lealtad a la compañía y bastante más concentración a la hora de realizar y asignar tareas… todo esto no lo digo yo, me lo han dicho jefes que han confiado en mí a esa edad y con dos hijos pequeños cuando les he preguntado las razones por las que me contrataban). La diferencia entre los países más civilizados, aquellos que siempre digo que deberían ser el ideal al que aspiramos como sociedad, es que en ellos los cafres se piensan muy, mucho lo que dicen y hacen en público, porque la mayoría de la gente está con la visión y la opinión de los inteligentes… me pregunto a veces si queremos ser como Suecia, o como los E.E.U.U.

 

Por una parte algo le tengo que agradecer a la champiñona ésta. Creía que estaba tan sumergida en mis pensamientos que todo y todos me resbalaban. Al menos me he dado cuenta de que semejantes chorradas me siguen haciendo hervir la sangre en el cuerpo.

 

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