Karlovy-Vary: una escapada para padres posible con críos…

Como de momento casi todos los que nos leéis sois familia o casi, sabéis que hace poquito nos hemos escapado camino del sol. Y que por supuesto, el destino de esta escapada (Malta) será el Viaje en Superfamilia en alguno de los meses siguientes. Pero como me apetece inaugurar este mes casi todas las secciones que va a tener este blog y llevo un retraso alucinante con el revelado de fotos, he decidido comentar uno de los destinos que más me ha gustado dentro los que hemos visitado últimamente: Karlovy-Vary (en alemán Karlsbad, o el Balneario de Carlos, si hacemos la traducción chapuza al castellano).

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Vista desde lo alto del monte… La ciudad está situada en un valle a lo largo de los ríos Ohra y Tepla.

Vivir en el centro de Europa tiene la ventaja de que tienes cerca muchas pequeñas maravillas, que desde España son más difíciles de visitar y quedan anuladas por otras ciudades que son más monumentales y resultan más conocidas a nivel turístico. Ésto es un poco lo que le ocurre a esta ciudad balneario checa, reducida la mayor parte de las veces a una excursión de día como máximo desde la bellísima y mucho más famosa Praga. La ciudad, que fué como San Sebastián en España el destino de moda de la alta burguesía y aristocrácia para tomar las aguas en el siglo XIX, había perdido mucho en brillo y lustre, hasta el muy ilustre James Bond pasó a filmar por allí hace algunos años…

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El gran hotel Pupp, uno de estos lugares para ver y ser vistos… Nosotros nos conformamos con espiar, como James Bond… Casino Royal se grabó en parte usando el hotel como escenario.

Caminar, caminar, caminar… Karlovy Vary tiene la posibilidad de hacer rutas de senderismo moderadas y apropiadas para subir hasta con cochecitos de bebé. La ronda completa alrededor del pueblo son catorce kilómetros, con una subida marcada al principio, pero luego relativamente plana y estable.

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El salto del ciervo, uno de los miradores más conocidos de la ciudad.

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Una oportunidad para dejar respirar los pies, que con el calor que hacía las botas de marcha eran una tortura… A lo largo del camino hay diferentes puntos (torres, quioscos, miradores…) que sirven para marcar objetivos cuando se va con gente poco acostumbrada a caminar.

Tomar las aguas es la segunda de las actividades propias de un balneario. En este caso son aguas con diferentes minerales y que manan de distintas fuentes colocadas en el paseo al lado del río:

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Mujer rusa refrescándose en el Geiser principal del centro de baños. Los rusos han vuelto a resucitar el turismo en la ciudad, viniendo en grandes masas. Los comerciantes locales están divididos entre los que lo ven como una forma de renacimiento del balneario y los que opinan que la ciudad se está eslavizando en demasía.

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Las aguas, que salen a unas temperaturas entre las del té de las cinco y el cocimiento de una langosta, se beben en una especie de jarras especiales con un pitorro… SM como siempre no me dejó comprarme ni una, pero hice fotos…

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Y por supuesto, también hay algunas cosas, aparte de agua, dignas de beberse por allí…

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Veredicto final: un lugar perfecto para pasar como máximo uno o dos días. Si bien funciona mejor como escapada romántica, es posible visitarlo con peques de hasta diez años… para adolescentes lo veo francamente demasiado aburrido.

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