Hablando de trabajo

Empecemos por decir que creo que hay cuatro tipos de personas en este mundo:

  1. Los que saben lo que quieren hacer en esta vida desde su más tierna infancia y encima son capaces de encontrar trabajo en ello (y me dan mucha envidia).
  2. Aquellos que encuentran algo en mitad de su vida y más o menos son felices con lo que tienen.
  3. Aquellos que tienen claro lo que les gustaría hacer, pero no encuentran la manera de pagar las facturas con ello…
  4. Y el cuarto grupo: a los que llegados los veinte, nos dicen que a los treinta lo veremos más claro y llegados los cuarenta, comprendemos con pánico que sabemos muchas de las cosas que definitivamente NO nos gusta hacer, pero no estamos más cerca de descubrir nuestra vocación de lo que estábamos hace veinte años…

Los que me conocéis sabéis que llevo tiempo descontenta e insatisfecha con el tema del trabajo. En estos casos, como en los de las relaciones de pareja, no creo que toda la culpa sea de mi puesto o de la empresa… también contribuye mi pertenencia a ese segmento de la población que no tiene ni pajolera idea de lo que quiere hacer con su vida e incluso cuando le preguntan en esos seminarios de motivación sesudos qué es lo que haría si dispusiera de un millón de euros, a lo más que llegan es a quedarse en blanco. Por eso mensajes como éste que sigue, me desaniman bastante:

A mí al menos, no me parece tan fácil como a este tipo del vídeo… Seamos honestos, si SB me dice mañana que quiere dejar el instituto para ser parte de una boy-band, no podría decirle con todo mi corazón que siga sus sueños… entre otras cosas porque lo que pienso es que la demanda de cantantes adolescentes es limitada y que la adolescencia tiene también un cierto límite y la idea de mi hijo acabando como una Miley Cirus en versión masculina, me horroriza…

Estoy mucho más cerca de la visión que se da en este artículo, que precisamente me ha mandado una compañera de trabajo que se redujo la jornada sin una razón “aparente” para hacerlo: que no existe trabajo suficiente para ocupar a todo el mundo y que para evitar una especie de revolución se ha inventado una serie de trabajos perfectamente prescindibles. Así que mientras el sistema no cambie, estamos condenados (o al menos ese 90% que nunca conseguiremos ser Robbie Williams) a realizar trabajos que no van a terminar de convencernos. 

No todo va a ser negativo. Me quedo sin lugar a duda con la visión de este otro tipo (lo siento, ésta no la he encontrado en español, pero los cinco puntos que da los traduzco abajo):

  1. Ten claro por lo que estás trabajando (aunque sólo sea por el dinero para conseguir otras metas).
  2. Es mejor ser cola de león que cabeza de ratón (vamos, que mejor ser becario de la empresa de tus sueños que jefe de una que no tragas).
  3. Recuerda siempre que la hierba parece más verde al otro lado de la valla (o que el trabajo de otros siempre parece mejor que el tuyo).
  4. Reflexiona sobre el efecto positivo de tu trabajo.
  5. Mantén tu integridad y tus valores.

Y si de verdad en el lugar de trabajo en el que estamos, el puteo es tan constante que no se puede aguantar, siempre es mejor largarse con mucho estilo…

One thought on “Hablando de trabajo

  1. Pingback: Música para despedirse del curro | SW-World

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *